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Editado por el autor

San Martín: El autor 2012 ISBN 978-887-33-0957-4 CCD B863

lunes, 4 de agosto de 2014

Planchar en la Luna (dice: Blanca)

Desde que la noche
trae la tregua
de refrescar la vida,
escucho a mis padres
romper el silencio
en cascadas de risas.

 


Con la Luna llena
se ilumina el campo
y las sombras juegan,
para regocijo mío.






Mientras tanto,
allí arriba,
“descubre” su andar
el inquieto universo,
y despliega incontables luces
sobre nuestro techo.



El fuego con leña
dura del Curupaú,
produce las brasas
que traerá calor a la plancha.
Mi madre humedece las prendas,
y la mesa “ensabanada”,
se salpica de perfumes,
y caricias de la ropa almidonada.



¡Esooo, vapor de  alegría!
¡Esooo, vapor de carcajadas!
La fiesta de planchar en la Luna,
se enciende en las miradas.

De todos los fuegos…
(A la abuela Rita)


 Redescubrir para comenzar de nuevo:
                                                      Sumar al detalle de todas las cosas, la cuota de misterio, la que se sobrepone a los sentidos y después, intentar vislumbrar eso “…que subyace en cada vibración”, por si despierta la sospecha de que hay vida.
Luego, sembrar la ilusión, esa luz de complacencia, la que se quiere cosechar para festejarnos en cada color, en cada retoño de esperanza, en cada aroma que deja trascender ese volumen de humanidad que le da cuerpo al espíritu.  
Lugar, donde nace la sustancia de lo inmaterial. Lugar, donde crece y se arraiga lo afectivo, lo que le da “sentido a la existencia”.

Redescubrir o develar en la oscuridad del silencio y también, en el momento de su esplendor, para observar una nueva forma de pensarnos. Es decir; reconstruir con todos nuestros escombros, aún con los que se consideran miserables o maliciosos, para edificarnos mejor, más fuerte, sin desvirtuar la sin razón y con el complemento de la palabra.


De todos los fuegos…



¿Por qué un hombre querría mejorarse cada día?...

Tal vez, por que necesite verse iluminado por tu aceptación.
Cubre a la piel, una eléctrica y suave vibración que delata tu “halo” de energía. Fosforescencia que se desplaza junto con el cuerpo, que se ondula para develar tu ritmo andariego, que acompaña a tu elegancia y transita contigo sin  descentrarse.
Luego, el fulgor que se alarga, empecinado en perfumar la brisa.
No hay disolución, nada que atenúe el aroma extravagante, exquisito, que sobreviene detrás de lo afrodisíaco.
Tú presencia llena, depositando en el deleite, la exaltación del erotismo puro.

         En aquella parte, donde me frecuentan casi todas las sensaciones y en las caminatas sobre ese, tu terreno ondulado en que crece la gramilla más aromática, sopla una brisa muy suave, para unificar todos los perfumes y crear el suspiro que recorre tu aliento.
         Es, en aquella parte, en la que retumba alguna melodía con el ritmo agónico de pulsaciones perezosas, y también, donde se instala la tarde desnuda, sin pudores, para mostrarnos que desde su vello púbico nace la luz de un pájaro, el que inicia el primer viaje que desparrama el erotismo.
        Es en cierta parte de las nubes que se hace densa a los ojos y está escondida la tristeza. Entonces, el sol entibia mejor, cuando cada criatura se sumerge en la alegría.
        Se transforma todo, con el rumor de las hojas, que hoy, se confabulan para llenar el aire de caricias y no se salva ni la mirada que se adormila con la siesta…ni ahora, el silbido del viento que se empeña en componerte tu canción preferida.
         Se transforma todo, hasta que el silencio gana un instante y en el que ninguna mueca puede dibujarse, salió el suspiro para no volver, la tarde creció para sentir la caída del rocío fresco que la obligó a vestirse, las hojas, que ya no confabulan, la mirada que intenta traspasar la oscuridad y el silbido del viento que calla para no cantar la canción predilecta…entonces, “fue la noche la que se llevó tu nombre” para pronunciarlo cerca de la luna.
          Se transforma todo, pues fue la luna la que dejó encendido el asombro cuando escuchó tu voz.

         Luego:

        Construir lo intangible, lo singular y extraño, multiplicando la intensidad de todo momento con tu voz y tus silencios.
        Es unánime. Las respuestas de todos los reflejos abrazan, circulan detrás de una estela que fosforece, se mueven a tu alrededor.
        En cada revoloteo de chispas se desarma el viento. Al espacio, lo cubre una ciudad de luces que explota en la noche.
        Desde el fuego trabajan los colores para hacer que resuenen en mí las palabras y te dibujen como una llama vibrante.
        Suben hasta un pequeño umbral, demasiados rostros que contienen lágrimas traduciendo la dulzura fresca.
        La alegría puede tener color que se transparenta en acuoso líquido, en sonido de fluidos que corren, en transpirar con el sabor de lo único.
        Una figura adquiere volumen, te hace respirar y crecer desde sus entrañas y prepara cada movimiento que te llenará de gracia.
        Es tu mirada más azul que nuestro techo, más el brillo de quien te espera, hace que tu luz, tenga un efecto que encandila.
       Pisando la tierna gramilla, tus pies desnudos se acomodan para sentir que todo, tiene la gratitud de una bienvenida.

Octaedro
(Extraído del libro “Tratado del viento”, páginas 150 y 151)

domingo, 20 de julio de 2014

Ella

Suelta, en el camino,
vuela ella, y va dejando
el  aroma de las sonrisas.
El  lugar donde juega su alegría,
tiene los  colores de la inocencia.




Una palabra puede ser
la clave de su secreto,
y es en la mañana esplendorosa,
que al mismo tiempo
 nace su fulgor.




El aire tibio
recoge sabores dulces
que produce su aliento,
y entre pétalos que vibran,
su piel se convierte
en olas de terciopelo.


 



Desde que sus movimientos
alteraron algún equilibrio
de nuestro alrededor,
nada ni nadie reclama volver
a ese estado anterior.








Es entonces, que deseamos
seguir festejando
la creación de su
nueva danza sensual
que invita a erotizarnos.



Esa, su voz,
pronuncia las palabras
solo, con el fin de comunicarse,
pero deja latente este embelesamiento,
de querer volver a escucharla.

 De todos los fuegos… (dedicado a María)


La vida en su desandar va dejando un colorido inexplicable.
Se enfrenta a la luz cada vez más tenue, una mirada que pierde su brillo y va diluyendo las aristas remarcadas para convertir a los objetos en fantasmas inmóviles, quietos, casi esfumados.
Mientras tanto, hay que sostener la pesada carga de quien vibra sin conjugar con la melodía que recorre todo.
Ahí está, una  tarde que nos mancha.
Ahí está, también, esa brisa que descubre un rumor y es, tal vez, la sonoridad del lenguaje en el que se expresa cada cosa viva o muerta que encuentra en su camino.
Ahí está,  la mueca de dolor que abarca desde las entrañas hasta el mismo color gris de la angustia.
Una canción llena la melancolía.
A veces, la tristeza es un sentimiento que elegimos.
Entonces, viene bien saber que el sol que todavía entibia, es para no olvidarlo, y despierta la creencia en “la eternidad de un instante”.


De todos los fuegos…

“Pra voce”:

Atravesar el silencio para hacerte llegar las palabras que encierran el consuelo de una caricia.
-Sí… hay una manera de llenar los silencios para espantar el desierto que dejan las soledades. Te busco en la pronunciación de cómo recorre tu voz el lenguaje dentro y fuera de mí… Entonces, me acomodo para encontrarte en el sonido complaciente de los fonemas que transportan en el aire, suavemente, cada palabra.


Abrigar la soledad con la ternura de un rumor tibio que parte desde el aliento.
-Aquí, el privilegio de escucharte sí se te escapa un suspiro. Sin querer escudriñar sobre él, sin querer invadir sus secretos, solo acompañarlo con mi silencio y que tenga “el camino” abierto para expandirse.

Perezcuper
(Extraído del libro “Tratado del viento”, página 140)


martes, 24 de junio de 2014

De todos los juegos:
                            Escucho el zumbido que aturde, que penetra en todos nosotros para excitarnos o erizarnos de temor -a todo vértigo- y también, que trae la satisfacción que provoca lo lúdico.  “El juego”, confirma una extraordinaria participación de miles de almas, que se purifican “en el teatro que recrea el ir y venir de un balón empujado por el pie sobre alguna superficie plana de la tierra”. Llanura, al fin, que puede estar “adornada” con la tierna gramilla y que fue sembrada allí, deliberadamente, o mucho más modesto, un “espacio” que puede tener “alteraciones geológicas” diversas.
      
  “La esfera elemental es un instrumento para crear”, que a veces, “brinca” con total autonomía para dejar que el asombro tenga su participación espontánea, o que puede sufrir golpes de maltrato para colmar de aburrimiento, o que tiene “el privilegio de soportar la caricia” del pie de un “participante” de prestancia única.
          En un equipo u otro que compite en “ese teatro inventado por la modernidad”, se dramatiza la vida en cada instante, se distingue lo que “inflama” el mejor calificativo y juzga el comportamiento de sus integrantes en lo particular o general.
         Detrás del balón se gasta la mayor energía -algunas veces- para advertir que la poesía está latente. Quizás, se está “gestando”. 
        Ahora, no es tan común, pero “tiempo atrás” -como “espectador”- desde la tribuna podía reclamársele al que tiene buen  “manejo” de la pelota (alguien “instruido”):
-“…Dibuuuje, maestro, Usted sabe”.
        Muchas veces, es “actualizado” pronunciar con admiración:
-¡¡¡¡Que jugador!!!!
         En la fiesta de colores, “animar al esfuerzo”, tal vez, “pueda llegar a desviar el balón hacia el arco contrario” -es lo que cada uno de nosotros sueña y quiere expulsando el aire de todas las formas y las expresiones posibles- entonces, ya no solo se cumple con “el acto de respirar intensamente” sino también, de ser protagonista de “ese extraño rito” en el que nadie mezquina su último aliento para intentar concretarlo.
         Nuevamente, “el juego” nos acompaña “en comunión con la tierra”.
        
En algunos lugares, por tradición, costumbre o “sentimiento”, “el fútbol” como deporte, se lleva los mejores esfuerzos, se comprueban algunos “brotes de habilidad” o de revolcones y patadas, se consume –felizmente- nuestro tiempo de chico, mediano o grande. Luego, conformar el cuerpo, darle la entidad que merece, “supone hacer crecer el físico revitalizando el carácter con un juego grupal que subraya cualidades” etc. Pero desde nuestro interior, “ese latido”, se hace presente en cada ocasión que resbala “la pelota” para elevarse hasta “el ángulo”, muy cerca del poste, justo adentro del arco.
          Cualquier semejanza con un “golazo”, nos hace creer que “la percepción de lo bello” está en “patear la pelota de volea y hacer temblar la red” o que “una gambeta” nos distraiga para ver la elegancia de un movimiento, con la pretensión de suspender el instante y archivarlo en nosotros. No se puede dejar de admirar la jugada completa que se “desparrama” sobre el plano “con los toques de primera” o “una pared” que devuelve “el balón” para “filtrarse” entre “tantas” columnas, que tienen formas de piernas.
         El decir poético traslada la palabra a los movimientos del cuerpo, a respirar o a transpirar en concordancia con el grupo que juega al lado de uno. Un punto de inflexión da vueltas y vueltas para terminar confiando  “en la esfera elemental”. De los mejores “poetas del balón” que más se puede contar, de ellos despierta el  sagrado llamado del “GOL”…
         De repente en algún lado, también, se escucha;
-“Hay equipo”.
         Entonces, una brisa provoca en nosotros, lo que la voz al habla, lo que la pendiente al río, lo que “justifica” un vuelo y la mirada “al desafío”.

Perezcuper
(Extraído del libro “Tratado del viento” página 122)





Un hombre desnuda sus miserias en el medio de la tormenta y también, su moral heroica.
Otro; deja que el sufrimiento lo descarne en esos lugares donde la sensibilidad hace una ampolla hasta con el ardor de los más ínfimos pecados.
Voy retrocediendo al límite en que cada uno prejuzga en la condena del otro para lavar sus culpas ¿en beneficio de todos?
Así, “el hijo del hombre” renueva la Esperanza que trae inmolarse.
Así, queda la ilusión prendada a la honestidad. Virtud cultivada entre los enamorados.
Es el amor el que domina en cada uno para acercarse a la virtud.
Luego, el tiempo y las circunstancias refriegan su color turbio para desvanecer la pureza.
“Solo conoce el amor quien ama sin Esperanza” (dice, F. Von Schiller)
Se va desanudando el tiempo para revisarnos justo en lo que mueve el entusiasmo.
Dueño de la vida es “el juego en el que se recorre todos los aniversarios”, incluso aquel que intenta descifrar la eternidad.
Busca “el hombre” hasta en el cielo desde donde vino, “la respuesta final”.
Repara en el orden del universo y descubre sus leyes para ampliar sus dudas y cerca de él, ahí mismo donde respira, se cumple “la tragedia y la comedia”.
Apasionadamente, se carga su almismo de la energía que fructifica en la bondad.
Es aquí donde se repite con diferentes formas el nacimiento de las almas.
Esas que, traen dibujada “la nueva ilusión”.


De todos los fuegos…

También, el cuerpo:
                                  “Se ruega a los señores apostadores, tengan a bien, agilizar sus apuestas. Faltan dos minutos para el cierre del Sport…Tin, tin, tin, campana de largada… ¡¡¡Largaron!!!...Superado los primeros metros se acomodan los competidores y hay lucha en la vanguardia”…
       
          El trote ligero va gastando las piernas de a poco. Un “corazón valiente” destraba el miedo para traspasar con su aliento la frescura de la alegría. El césped despierta un aroma que empapa el cuerpo e invita a la inspiración más profunda. Mientras, la tarde, deja entrever un cielo limpio, abierto, que primero “demanda” y luego “implora” que nadie se vuelva a casa con el rostro iracundo. Allí en el cemento, desde la tribuna, muy lejos de mis nervios, se desata el murmullo del inicio de un ritual.

        “Pasada la barrera de los cuatrocientos metros se impone en la vanguardia el número cuatro, Manto azul a dos cuerpos de ventaja sobre el número seis, Poncho alado y a cuatro cuerpos, el número doce, Sangre tibia”.

           Es de rebotar los pasos, que voy disparado con el ritmo que impone un galope festivo, sentir que se despegan los pies del suelo y que un instante de vuelo mantiene la figura de mis alas abiertas en el aire. Así, me agradece la vida regalándome tanto movimiento.

            “Cuando van a hacer su entrada a la recta final, nuevamente, hay lucha en la vanguardia, Se mantienen cabeza a cabeza el número cuatro, Manto Azul y el número seis Poncho alado y con expectativas, a dos cuerpos abierto por el centro de la pista el número doce, Sangre tibia”.

           

            *“…A mano derecha / según se va al cielo”…  el horizonte poblado de árboles larga un perfume que repite el aroma de los tilos…y a la izquierda, desde los escalones, las voces de aliento ya no se reprimen, se cierran los puños,  se levantan los brazos, dejan que el grito llegue bien alto para que vuelvan hecho “viento” que nos empuje a todos los contendientes. 

          “¡¡¡Faltando cincuenta metros finales para el cierre del disco, gran atropellada del número doce, Sangre tibia, que se acerca al número cuatro, Manto azul y al número seis, Poncho alado. Se disputan el primer puesto, cabeza a cabeza!!!…¡¡Y pasaron el disco!!”.
 
            Entonces, la Sangre tibia llega hasta el Poncho alado convertido en un Manto azul,  para obligar a revisar en el disco,  la llegada de la sonrisa que dejó –quizás-  la diferencia de algún pescuezo y que todavía, la bruma de mi aliento enmascara  y solo una bandera verde se atreve a descifrar.


 *(De la canción: “El romance de Curro El Palmo” J. M. Serrat).

Perezcuper

(Extraído del libro “Tratado del viento”, página 123)

martes, 10 de junio de 2014

El armónico escenario de tu espíritu

                                                                                           
es la palabra que intenta rubricarte
-esa herramienta limitada-
el escaso recurso
para mi humanidad en desamparo.





Siento que, utilizan mis manos
la tipográfica manera
de moldear tus labios,
y llega, hasta ese ínfimo detalle
en el que navega la ansiedad
de justificarte en la mirada.



La voz que resuena en mi
confirma la dulzura,
suspende por largo rato,
aquello de la soledad,
y es la palabra pronunciada
la que trae vida que contagia.




Dilema que se resuelve
en símbolos que esconden
la naturaleza del sentimiento.






Dilema que te acompaña
para ser creadora de vida,
provocando que cada suspiro
o cada silencio, tenga la melodía
del secreto que te conforma.




                     Entonces, 
                                      Angustia; de referirte a la distancia.
                                       Melancolía; la de querer opacarte
y distraer esa sonrisa plena.
Color; el de escucharte en la música.
Placer; el de esculpirte en los sueños.
Aroma; sustancia por donde viaja tu canto.
Poema; el armónico escenario de tu espíritu.


De todos los fuegos... (dedicada a María)




Luego, con “el discurso en trance”, va el enunciado de un “estado crítico” o “manifiesto exuberante”:

Voy acumulando aniversarios para desabastecer el tiempo.
Leyendo en *“El libro de arena” aquello que confirma mi inexorable destino.
Voy errante, en un mundo que a veces me resulta esquivo, a veces me resulta extraño, a veces no me deja escapar.  
Eso sí, voy con todo, implica mi transparencia y mi oscuridad.
Con la apuesta de creer, voy desde la vida “protegiendo la luz”.
Sin traicionar la palabra que me exige “llegar hasta el fondo”.
Hay “una formula” que pide “el jugo de las cosas”, sin “transar” con “esa” metáfora que intenta desviar “la mirada indagatoria”.
Voy pleno de inspiración para pretender sostenerme en algún reflejo del umbral.
Voy abrazando el sonido que sale y entra en mí para quedarse.
Voy mirando a mí alrededor, sin cubrirme ni de espanto ni de espasmos de júbilo, por que hay tantas alegrías como tristezas.
Aún sí se acerca la congoja profunda y por reflejo trato de protegerme, o cuando la tonada graciosa deja alguna “estela vivaz”, nada de eso se me hace impermeable.
Voy sacudiendo las ferocidades que me rozan.

Sí es posible, impregnándome de todo lo que vibra.
Y también, por supuesto, sigo buscándote para seguir amando.


Perezcuper
Extraído del libro “Tratado del viento” (página 140)
*(Título del libro y cuento de J. L. Borges)



Escucho al tío Ángel:

-Puedo decir de mí que, “he triunfado en la vida”. Tengo que admitir que la desgracia me acompañó desde que, prácticamente, he nacido, o mejor dicho, desde que era un bebé. Tanto indagar sobre la discapacidad que he padecido, me ha dado la posibilidad de reconstruirme en lo físico y mental. Fui deambulando con mis pensamientos hacía esa reconstrucción.
Me queda por relatar que para sobrevivir, siempre tuve que ocultar mis malformaciones físicas con ropa de mayor tamaño o usar mangas largas, siendo muy eficaz, en ese sentido. Simular que caminaba con normalidad, sin ningún esfuerzo, o que no tendría “inconvenientes” con mi brazo “enfermo”, así podría llamarlo.
Lo real es que, no puedo levantar peso alguno con el brazo derecho, apenas lo sobrellevo combinándolo con el izquierdo.
He necesitado convencer a mis posibles empleadores para que crean que era capaz de hacer cualquier actividad sin problemas. Eso, también, traía aparejado el nerviosismo extra, un poco más de Stress. Así, pude concretar lo que me propuse que, entre otras cosas, era convertirme en hombre que asume responsabilidades, es decir; hacer mi propia casa y conformar mis proyectos, tener una linda familia con hijos y mantenerlos, a la vez, de prepararme para obtener mejores empleos.
Tengo diversas cirugías en mi cuerpo, algunas obligadas por sufrimientos de dolores, y otras correctivas para mejorar en mi andar o en lo estético.
Según fui recopilando información de mis hermanos y de algún que otro pariente que me conoció de bebé, me dijeron que nací totalmente sano. Esto es, lo que me ayuda a deducir que la discapacidad que sufro fue producto de algún accidente.
Me contaron que mi madre acostumbraba a ir al río a lavar la ropa. Al ser yo, tan pequeño aún, y un lactante voraz, tenía que llevarme a todas partes. Ella me cargaba en sus brazos y la ropa que tenía que lavar acomodada en un cajón, la transportaba sobre un burro, en ese mismo cajón que, también, lo utilizaba para darle de comer a ese animal.
Para resguardarme, cuando iba a iniciar el lavado de la ropa, me dejaba en el cajón y así, emprendía su rutina. En alguna ocasión, no pasaron pocos minutos de haberme dejado allí que, el burro se acercó, posiblemente, reconociendo el “recipiente” donde comía y al encontrarme dentro de ese “cajón”, reaccionó y me pisó varias veces o salí despedido, y mi madre, sin siquiera darse cuenta a tiempo.
Ese fue el inicio, solo descubrió que su bebé lloraba y que en apariencia, no tenía nada que llamara mucho su atención. Así fue que, tampoco ella creía que iba a derivar en algo tan peligroso para mi y el episodio quedó sellado, sin comentarios a mi padre que escuchaba llorar a su hijo menor, todavía un bebé.
Mi madre con mucho sentimiento de culpa, vivía la angustia de lo acontecido y me arropaba como si fuera a cubrirme de posibles consecuencias. Me envolvía fuertemente con alguna sábana, etc. Explicarle lo sucedido a su marido -mi papá- le daba a ella mucha amargura y temía que él, tenga una reacción muy negativa hacia ella.
Así, "la vida de campo", así, fueron pasando los días y creciendo algunos de mis huesos de una manera diferente a los demás, con sufrimientos continuos, muy dolorosos. Vivir en la campiña significaba estar alejado de hospitales o lugares de atención para un niño accidentado que creció con esos inconvenientes y con la ignorancia de mi madre que no sabía de tratamientos. Mi madre tuvo innumerables cuidados para conmigo pero quedé con esa carga de por vida y nada tengo que reprocharle ya.
Luego, un niño huérfano de padre y madre crece con los peores inconvenientes de afecto y de cuidados. Mis hermanos mayores fueron los continentes afectivos más importantes junto con mi tía Rita que, nos cobijó como si fuéramos sus hijos.
Crecimos juntos, mis hermanos y yo muy unidos. La vida, sin embargo, resbala a nuestro alrededor y también, comulga dentro de nosotros para traspasarnos.
Llegaron los días de ganarse el sustento en lo que podíamos, siendo muy jóvenes, casi niños, con la gratitud de mirar cada día con esperanza.
Y aquí estoy, en el año número ochenta y cuatro que sumé a mi vida, acabo de caerme de un colectivo, y nuevamente, siento que mis huesos y mis fuerzas están quebrados.
Me ha pasado la peregrinación de todos estos años por los ojos, el recuerdo, la mirada hacia atrás. Aconteceres a mi alrededor en los que ocurrieron, golpes militares con persecuciones interminables, guerras y hecatombes de toda clase; inundaciones o debacles económicas, sufrir de ausencias por muerte de mi esposa y de mi hijo menor. 
Y no puedo dejar de mencionar también que, fui muy feliz.
El dolor suele ser causa y testigo de nuestra templanza, pero mi tristeza en soledad va en aumento y esa arma que alguna vez usé para defenderme, hoy, ahora, va a servirme para terminar con mi vida.


Octaedro



martes, 20 de mayo de 2014

                                      


-Quiero que sepas, que detrás de este caparazón, detrás de estos ojos enrojecidos, estoy yo. Alguien que va a querer acercarse para hacerte sentir sus vibraciones. Es solo en el acto de abrazarte que quiero acomodar mi transparencia en vos. Incondicionalmente… Así, también, te hago un lugar en mí para que descanse tu transparencia. Soy alguien que tiene sus intenciones bien resueltas…Tal vez, alguien que, apartándose de su propio cuerpo quiera concurrir hacia ti con su energía  consistente. 
Hay en ti un grito que hace de las aguas inquietas un remanso.
Parece que la idea de un espacio inmenso detiene tu voz en un eco constante.
Ahora, con infinita paciencia, la armonía va armando tu canción predilecta,  profunda y apasionada.
Para deleite mío te escucho pronunciar las palabras con ternura. Como acariciándolas…
Mientras, juega la bandada  de  pájaros su ir y venir en maniobras extraordinarias para
formar en el cielo la fiesta de los arabescos.
Hasta que la luz te acompañe, el horizonte por nada interrumpido hace
de marco ideal.
Antes que el viento cubra de polvo la llanura arrastra hacia a mi el perfume de la mojada gramilla.
Bendición de la tierra que acerca el aroma de la sabia que me alimenta.
Entre tus brazos dejo esa pequeña luz que entibia la vida.
Viaja “mi ser” en el aire fresco, recorre todos los relieves imaginables.
Allá, en el punto mas alto en la montaña.
Aquí, en el vuelo rasante que peina el trigal.
Y sumergido en la nube, despierto con la almohada  blanda.
Pero si es mi destino descubrir el secreto de la vida en ti, te navego por donde se esconden los perfumes del misterio.

Perezcuper (extraído del libro “Tratado del viento”, pag. 15)

jueves, 1 de mayo de 2014


De todos los fuegos... (dedicado a María)





El pincel
que intenta
buscarte en la belleza,
aquella que traduce la esperanza,
va tejiéndo con hilos de luz,
para hacerte de esa trama iluminada
en la que se festeja la alegría.






El pincel
que al paso,
se suspende en tu fulgor,
solo, se recupera
de su evanescencia,
para  alimentarse de energía
y contarnos en los colores,
como aprendió de tus emociones.





El pincel que,
con sus movimientos circulares
saborea el aire,
respira con ahogos
por embriagarse
en el vaho de tu aliento,
esa brisa de la música interior, 
melodía que celebra la vida
desde las entrañas.



El pincel
que se atreve
a recorrer tu geografía,
va dispersando el humor
de la caricia más profunda,
nube brumosa que humedece
al ras tu cuerpo,
donde predomina la vibración 
de tus poros.



El pincel
que descubre
tu poema más sentido,
es el mismo que dibuja
la suavidad y le da el calor
que identifica a un espíritu ebullente,
esa magnificencia del alma; 
representación del estado de ánimo
en el cual se impone el deseo y su pasión.


De todos los fuegos...(dedicado a María)