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Editado por el autor
San Martín: El autor 2012 ISBN 978-887-33-0957-4 CCD B863
viernes, 21 de febrero de 2014
El
espacio y el tiempo se desgranan:
Se convierten en pequeñas referencias, ínfimas partículas, quizás,
susceptibles de medirse en un nudo de emociones pues ellas, las contienen.
“La materia en la que late la vida y adquiere conciencia”,
va desandando caminos sembrados de obstáculos para intentar desarrollar -entre
otras cosas- lo afectivo en su plenitud.
Ese órgano autónomo, medidor absoluto de lo emotivo, Corazón
Delator, va recopilando con fina sensibilidad cada caricia, cada golpe
del desprecio, cada nota musical, cada fonema que compone el argumento del
discurso, en fin, cada sentimiento. Así, acumula el espacio-tiempo en que se
mueve nuestro espíritu. Alma que divaga, energía que ilumina, o que se diluye
para opacarnos.
Desde el territorio de otro cuerpo, un sin fin de
emotividades nos entrega energía para traspasarnos y en esa conjugación de
nuestras almas, descubrirnos la luz que demuestra opacidad o que deslumbra.
Flashes de empatía o antipatía, mínimos resuellos, huellas que nos obligan a rememorar.
En este “no lugar” que es “la pantalla”, se reproducen
los símbolos, las imágenes y los sonidos, un lenguaje multimedia que fabrica
quien interactúa y también, quien decodifica.
Entonces, ahí, estamos con los…
Fabricantes de cantares
Subrayo que, la alegría se derrama
en el rostro de los niños,
está en aquella flor que se subleva
en el barro del pantano,
en el sol que entibia justo,
cuando la sonrisa se dispara.
La alegría está en el viento que nos lleva
a descifrar el vértigo de la libertad,
va en la gaviota convertida en suspiro.
Subrayo más aún, que la alegría
puede dominar en nuestros cuerpos.
Ser adjudicatarios de ese gesto de placer.
Cuando se hace presente el amor,
redunda tu dulzura
en el canto que entregas.
Es tu canto que envuelve para aromatizar
el núcleo de mi espíritu.
Vaya tu canto a templarse en mis vibraciones,
recorriendo la melodía del cuerpo
que se dispone a contemplarte.
Vaya tu canto al simulacro de mi salvación.
Ahí, determinante, sube tu voz
hasta reflejarse en la mirada pedigüeña,
y en los brazos extendidos
con que te reclama mi orfandad.
Sea ese canto que multiplica
el coraje en las batallas,
el que rubrique el entusiasmo,
el que nos haga invencibles.
El Canto De La Esperanza.
De todos los fuegos...
lunes, 18 de noviembre de 2013
"Flores"- Autor "Eterno" - Acrílico sobre tela
Te
celebro.
Tu aroma no trasciende el misterio.
Sigue ahí, vivo, y penetra a
distancia.
Desnuda todos los deseos.
No se aplica solo, a la fuerza de un vapor sutil que flota para erotizar
el aire sino que supone, desde un punto imaginario, que cada uno de tus
sentidos adquiere finísima capacidad de respuesta a pequeñas excitaciones y se
traduce desde la palabra. Frente a ella.
Entonces, es que advierto en el caudal
de “tus voces”, alguna sentencia -alguna rara explicación, al fin- de cómo
encontrar belleza en la contemplación de las cosas, de como golpear con
imágenes que sorprenden, que me llevan a un deslumbramiento continuo.
Aquí estoy, maltratando el lenguaje, con
voluntad de expresar lo que me hace cautivo y también, “eso” que entrega el
diario acontecer. Entresacando del interior, lo que la
vida provoca y algo más…que tal vez, sea lo que deambula como una sombra
desconocida para terminar en el trazo que dibujan nuestros fantasmas.
Ficción o realidad, es aquello que nos
hace vibrar en conjunción lo que hoy me
convoca.
Si la armonía de la palabra estuviera
dentro de las disciplinas que domináramos, no sería “esta” la “canción” que
escribiríamos de una melodía más dulce.
Quien requiere de reglas, es tan solo la gramática.
Nosotros, tenemos la gratitud de
demandarle a la oración nuestra emotividad… Aventurarnos en la metáfora para
desandarnos…
¿Es con el propósito de “hilar” con
las letras e ir más allá del sentido?
Sí, claro…quisiera en lo profundo,
inquietarme mucho más para reavivar “lo sanguíneo”.
Sumergirnos en aguas u otros
fluidos, en el aire o en el espacio
sideral, a veces torrentoso y turbio, a veces transparente y calmo, a veces más
cálido, o de brisas perfumadas o temperamentales vientos, pero siempre, sin
salvoconductos, sin salvavidas.
Prendernos como acompañantes del más
audaz, del más apasionado, pues si descendiéramos en la oscuridad, no hay
tinieblas densas que atemoricen y sí escaláramos hasta lo sublime, será para
bebernos, y será también… ¿para descarnarnos?
O… para componer nuestra propia música
que propague la diversidad de todas las formas de celebrarnos.
El “perfume del vacío” es para
celebrar… como una sola vez,
sin
admitir, que es lo que en el fondo se acumula
pues
allí, en el vacío, es más fácil crear todos los aromas.
*¿Quien sabe por que
“salpican” algunas esencias
que se distinguen primarias
y luego, en una sola “estela” se mezclan,
para que se haga tan intenso,
“el aroma de la vida”?
¡Ah…vida...que también, nos envuelva!
Perezcuper (* Párrafo publicado en este blog en la entrada del 8/7/12)
Parece que no tengo más remedio que hacerteUn Manifiesto:
¿Como hace la palabra para llegar a
moldearte, abrazar tu ternura y respirar en un temblor?
¿Como es que el caprichoso destino se
convierte en sentimiento para sembrarse dentro de uno y otro?
¿Como es que tu voz tiene la sonoridad de
quien canta con la melodía del mejor poema?
Un color es la luz
que traduce su candor,
y una vida se fecunda
para regarnos de emociones.
Entonces, la alegría
puede inundar con su sabor,
cuando el quererte tiene la frente
perfumada de ilusiones.
Cada vez que asoman las letras, se
vuelve al “secreto de la vida”, ese que encierra “el universo de lo sensible”,
un microcosmo que te conforma y te rodea.
Cada vez que te pronuncio, vuelvo a
mirarte para entender el por qué de los latidos.
Desde la tierra poblada de almas
recién hechas donde se cobija la
Esperanza,
desde la figura que emite un
resplandor que suma su talento para iluminar,
se va incorporando en el aire ese magnetismo que lleva a
pensar en ti.
Tengo esa sensación de mirarte por dentro para alimentar
la ilusión,
la certeza que viaja en cada sentimiento y se traduce en
palabras.
Tentado en la pasión me salpico de tu gracia y de
sonrisas gratas,
y de como mis manos moldean tus labios y reciben el
premio del dulzor.
Hombre, que te busca sobre las aguas que remarcan un
murmullo de ternura.
Hombre que, divaga en el mundo donde todo se aturde con
el grito de la soledad.
La vida se calca en las pulsaciones,
en el ir y venir de los
ojos
hacia donde se descubre
el sabor dulce de lo hedónico.
La vida se calca en una ráfaga de mentiras,
en la tristeza de lágrimas perpetradas
que traducen la infinita
miseria
y a veces, la excelsa belleza.
En sueños donde la eternidad
late como un instante.
Y allí, al final, te busco.
Y te encuentro,
hecha de perfumes y de frutas.
Te encuentro en la tarde
que entrega su última lumbre
para sostener el ocaso
y derramar su nostalgia.
En tu voz, donde resuena el color
con que se pinta el requiebro.
Te encuentro en el canto
de los hijos pródigos, los poetas.
En el festejo de mis lágrimas
y en cada sonrisa que despiertas.
De todos los fuegos... (Dedicado a María)
Desde la llanura
de lo virtual voy cabalgando sobre el horizonte resplandeciente que deja -por un momento- expandirnos. Escuchar nuestro canto, extasiarnos, comulgar con lo que suponemos sublime. Convertir cada frase en erotismo.
La belleza de una composición instantánea parece que sale sin necesidad de corrección. Plena y entera, justa y “redonda”, pero aún cuando contenga errores u horrores, cursilerías o subjetividades, se va hilando cada sentimiento que tiene el gusto de algo, el pan recién horneado.
Luego, una sombra insalvable tiñe el cielo que nos cubre con una nueva tormenta. La luz se desvanece en los cuerpos, la energía fundamental opaca a la oración y el núcleo donde se acumulan las mejores emociones, se diluye en el aire. Asoma lo incomprensible.
-¿Cual es la especulación que me anula?
Tal vez, la rutina de una gimnasia cargada de vicios.
Me largo a vagar sin rumbo para tocar a la puerta de la misma soledad. Buscarte entre los ruidos, entre la distorsión del mundo, en alguna nube, a ti, con las aletas portentosas de un pez formidable, más alegre. Necesito nadar en algún submundo. Descifrar la realidad de una vida interior o alimentar el ego de saber comunicarme contigo. Describirte entre todas las almas que se juntan para enmascararte e intentar componer alguna canción.
-¿Cuál es la especulación que me anula?
¿El ser sociable para buscar o intentar alumbrarme de lo que nos hace mejores?. En cualquier “juego” está implícita la seducción, entonces, la palabra, dominante ¿tiene el derecho de alimentar la sensualidad?
¿Acaso no son las personas, las que nos enriquecen con el “jugo” de sus temperamentos y sus expresiones?
Sí… una mujer puede ser mejor. Contemplar a quien admiro puede dejar el deleite latente.
A propósito, la mentalidad, el pensamiento, tiene el resguardo de nuestros fantasmas, son vigías de nuestra propia oscuridad.
Desde alguna nebulosa interior “el deseo” con su expresión más fuerte, que todo lo mueve, que todo lo arrastra, hace también, sentir el dolor que provoca tu ausencia.
Octaedro
“Orejano”:
Así, llamaban al ganado salvaje que se había
criado en el lugar y que casi todos los días eran recogidos de a uno por los
“gauchos”. Se iban acumulando en corrales y eran peligrosos, porque poco tenían
de “costumbre ver a personas a caballo".
Se internaban en el terreno en grupos de a cuatro gauchos como
mínimo y los caballos, siempre con el armazón de monturas con “guardamontes”.
Esto último, era la protección contra arbustos de “mala espina” (principalmente,
Chañares) tan pinchudos como para tenerles respeto y no andar sin protección. Que
a propósito, se hacían con el cuero de burro que era especial para eso.
Los
acompañaban los perros. Según contaron, sino fuera por estos últimos, no
podrían capturar a ni un solo ternero "guacho". Al ver los animales sueltos, los perros en jauría
se abalanzaban con todo, directo a los garrones y el toro o vaca o ternero se
cansaba, hasta que llegaban los peones, lo enlazaban y lo traían hasta el casco
y los corrales. Un día completo el animal quedaba maniatado a un poste para que
se acostumbre a ver gente alrededor y que le den agua y comida para luego,
“marcarlo” (yerra) y cortarle un pedacito de cuerno.
Lo tremendo era cuando lo
soltaban para incorporarlo a la manada, por eso ¡mucho cuidado! porque te
atropellaba con fiereza. Mal se ponía el bicho, “enojado con quien se había
atrevido a hacer semejante cosa”, no le ponía freno ni el corral ni el alambre,
todo se lo llevaba por delante, lo corneaba. Algunos perros, en su afán de “capturar”
una vaca -la que reaccionaba a patadas para defenderse- terminaban golpeados. Así, la vida campestre.
Ver la vertiente de agua, “la gota de luz” que se acumula en
un espejo de humedad en el mar de la nada, y lo que ella puede en un desierto.
Tender el milagro de una alfombra de alfalfa, contraste sobre la arena, para
dar de comer al ganado. Y las viñas. Ahí, una cepa del torrontés.
Tantas
hectáreas para derramarse en vino que vale el mejor de los suspiros. Y entre
plantas de vid, y fuera de eso, cuando el arbusto pinchudo fue
desalojado, puntos rojos que putean con sabor de pimientos.
Después del almuerzo, “juego de tiro al blanco”con la
Ballester Molina, y el balde cargado de piedras a los cincuenta metros que
suena cada vez que tiro (no esta mal).
Y por las dudas, montar sobre “El flechin”, caballo del
dueño, elegante criollo, que aún siendo inexperto jinete, me llevó casi
flameando en el viento como si la vida tratara de apresurarse detrás de
sensaciones fuertes. Tanto agradecimiento a su conducta de chusco pero
impecable a la hora de tocar el freno. Un galope que me desacomoda hacia un
costado y al corregir, caballo y jinete sonríen con entusiasmo.
Práctica de
enlace en el corral con la manada de vacas corriendo alrededor del que se ponga
a revolear el lazo. Ahí viene, la que se desprende del “montón más parejo”.
-¡esooo, cuidadoo!- y la despedida final con abrazos.
Agradecemos la colaboración de Perezcuper por el aporte de este video musicalizado ("La Calandria"- Interpretado por Luis Salinas) y su lectura.
(Foto de J. L. Serra)
Desde una esquina del aula se
nota este pequeño revuelo de almas nuevas. Hay un “flash” que resplandece y no
hubiera sido necesario ya que el fulgor de cada uno otorga suficiente luz para
mantener la escena en plenitud. No lo tuvo en cuenta el compositor fotográfico
pero tampoco –nunca podremos saberlo- si fue con deliberada intención de
retratar con más luminosidad aún, a “varios autores materiales de la alegría”.
He aquí los candidatos
“cargados” de responsabilidades por representarnos ante las generaciones
venideras. Bien parece –sin proponérselo- que este ambiente académico, entregó
sus más potenciales exponentes para debatir sobre “el recurso del método” y “su
influencia en el juego de azar” (???) Quiero retruco.
La mirada obsesiva sobre esta
composición instantánea, seguramente, encontrará “formas” de contraponer
opiniones. La mirada poética, sin mediar con la nostalgia, encumbrará al
*”espíritu de la tierra” latente. Al fin, enunciar tanto palabrerío solo por
una foto…jajaja…puede ser útil para agregar, que aquí se “mezclan” todos los
hijos pródigos. Es, en este “pastiche”, que se moldearán nuestros caracteres y
sin dudas, solo unas cuantas fotos pueden hacernos hablar hasta “el fin de la
historia”.
“En ese lugar bendito de esta tierra…”
*R. Scalabrini Ortiz
(Extraído de la contratapa del libro "Tratado del viento" de Ruben J. Ayala)
No te leo ahora…solo sé, que se me abalanzan las oraciones incompletas,
algunas líneas de ordenados caracteres uno al lado de otro, que algo insinúan y
se mezclan con la música de tus metáforas escritas o la melodía de una canción grabada.
Este manojo de
sentimientos que da vida a un personaje de “comedia virtual”, es lo
que despierta tu voz. Se que puedo viajar en el aire hasta tu living o donde
acumules tus emociones, para acercarme a lo más profundo. Desconozco aún, otra
forma de hacerlo.
Pero sin perder nada de nuestro vínculo, voy
trazando los párrafos en los que de a poco -muy lentamente- se expresa mi
excitación, se desprenden las burbujas, se acaloran las mejillas, ya no hay
ritmo parejo en tantas pulsaciones dilatadas y
se despeinan las ideas.
Cerrando los ojos
para no dejar escapar “la concentración”, escribo contigo en los “pentagramas de la poesía”, salpicándolos de “odas”, sin dejar la sonrisa
quieta.
Pero cuando respiro
con tus palabras, cuando estoy en ellas, cuando dejo de insinuarte para decirte
lo que me toca de todo, ya no sé como dejar de amarte. Ya no puedo.
Es que sale de mi y vuela, no solo el deseo,
sino todo aquello que se emparenta con la plenitud de mi humanidad.
De todos los fuegos...
"El
ejercicio de las letras es misterioso; lo
que opinamos es efímero y opto por la tesis platónica de la Musa y no por la de Poe, que
razonó o fingió razonar, que la escritura de un poema es una operación de la
inteligencia. No deja de admirarme que los clásicos profesaran una tesis
romántica y un poeta romántico, una tesis clásica" (Jorge Luis Borges).
El
“mirador” (del cóndor)
Con la necesidad de
encontrar
espacio para un “mirador”,
el “suspiro” (del cóndor) emprende su viaje.
Tiene suficiente “carácter” para ascender
con los “bolsones” de aire cálido
y mantenerse ahí arriba, expectante.
Sin saber que ese “punto” oscuro,
que se mueve en el cielo,
desafía a la altura
para glorificar la vida en su vuelo.
Pues no hay criatura que lo iguale.
La suavidad, es predisponer
a la poesía al sentido del tacto.
Compartirla, es hacerla
aún más trascendente.
Brillan los ojos negros
y no hay forma de evitar su luz.
Aquí se ilumina la vida.
Juega el satén con las manos
para reflejar caricias.
Otro sueño, con escenario de rasos,
acostumbra a la mirada
a resbalar sin obstáculos.
Cuando te “regalan tanto”,
del suspiro que viene en su viaje
“despierta” un rumor atrevido
y aromatiza el aire
que “incita” a refregarse.
Suplanta el gusto
de un fruto maduro
por los tonos de esta madera
que tiñen nuestra frente amplia.
Apetito es saber,
que entre la sonrisa
y la mueca del llanto
está ese mismo deseo
de querer fortificar el cuerpo
con “el suspiro que viene en su viaje”.
Parte de adentro hacia fuera,
aliviana todo el volumen,
vuela y planea sin restricciones
y no desperdicia energía.
Es el “suspiro” (del cóndor)
que se “multiplica de sensaciones”,
que al fin, significa
medir cuanto más “entrega”
esta inquieta vida.
Octaedro
El hombre y el carro:
En el viejo bar
de Marino, se podía pedir desde una copa, sándwich, alguna minuta, golosinas y,
hasta ricos helados (solamente cuatro gustos) fabricados por él mismo.
Los jueves, sábados y
domingos, proyectaban películas en una gran pantalla. El encargado de pasarlas,
era un muchacho alto, desgarbado, de nombre Miguel, que había quedado huérfano
hacía poco. Era muy respetado y querido
en el pueblo por su buena educación. El muchacho desgarbado, con la muerte del dueño del bar, pasó por unos años, a
proyectar películas en la Sociedad Italiana. Tiempo después, atendería la oficina de la Empresa Liniers,
que salía desde Los Toldos hacia Buenos Aires y pasaba por O’brien. Duro pocos
años ese recorrido y, Miguelacho -como lo llamaban todos- en su nuevo trabajo, repartía las
encomiendas de los micros de media distancia.
Cargaba su carro de dos ruedas con las cajas, resaltaba su negativa, ante el ofrecimiento de un caballo para el reparto, y él mismo tiraba del carro. Todos los días recorría el pueblo con su carro.
Su figura alta, flaca, cubierta en invierno con un sobretodo negro que flameaba
con el viento, sus zapatones negros que hacían escuchar sus largos trancos, atraían
los ladridos de los perros callejeros, que él, espantaba con una bolsa en la mano.
Los velatorios que había en esa época, se hacían
en las casas, ya que aún no había sala velatorio. Miguelacho no faltaba a
ninguno. Se contaba, seguro de su presencia, pasada la medianoche. Con la parsimonia que lo caracterizaba, saludaba con respeto a los
dolientes y se quedaba varias horas, aceptando algún café, bebida o licor que servían. Luego, se iba a su rancho en las afueras del pueblo.
Pasó el tiempo, Miguelacho comenzó a enfermarse de tantos fríos que
soportó su esquelético cuerpo. Ya no tiraba del carro, solamente, visitaba los
clubes, miraba como jugaban a las cartas. Nunca pidió nada, se
dignaba a aceptar lo que le convidaban.
Un invierno, una
neumonía acabó con su magro cuerpo, en el hospital del pueblo, donde había sido
internado.
Según me contaron las
enfermeras del hospital, era "un enfermo muy bueno por que no se quejaba". Mantuvo hasta el final su señorío innato, aceptando su pobreza como solo él, podría hacerlo: “Con dignidad”.
Ya los velorios no
contaron más, con su infaltable presencia.
Tal vez, los perros callejeros cuando ladran por las noches, es
por que ven pasar su espectro recorriendo el pueblo con sus largos trancos y su
sobretodo flameando. Brisa de un pétalo
Sumando en desorden pues la regla “defiende
cualquier orden de los sumandos”, se acumula en algún espacio lo que trae una
tumultuosa intimidad.
Sangre de sentimiento, río que corre desde una vertiente
de oraciones apasionadas y “la resonancia” que deja “el chispazo de un rayo”.
Sangre de sentimiento que hace de tinta insoluble para
que se grabe “el concepto” en el ánimo, profundamente.
Así, se arrima la pluma a la palabra y ella, a cada
instante “renueva el aire”.
Así, se va yendo con la metáfora “el orden de los
sumandos”, “la resonancia”, “el concepto”, “el instante”.
Y se graba en el ánimo una “especie” de revelación que se
asoma, para luego, no descubrirse.
Sin embargo, desde la mirada que contempla el detalle, sigue
y domina “la inquietud” pues se quiere llevar un premio que vale mucho más.
Y ¿que encuentra que sea de tanto valor “esa inquietud”?
Deja que se entrelace tus cabellos, así, como se mezclan
las ideas.
Deja que la refulgente luz vaya provocando un parpadeo
que no pueda definir exactamente la imagen.
Deja que me acerque hasta creer que puedo rozar con los
labios, tus vellos que siento crecer.
Deja que entre en tu pensamiento con la confianza que
lleva una descripción de lavirtud:
Eso es, un aroma secreto que se
hundirá en ti con la aspiración más profunda para dejar su distinción, vaho
particular que después, indagará en el recuerdo. Y
también, hará prolongar en cada mínimo fraseo musical, la nota dominante, plena
de armonía que se amalgama con el aire, para luego, desvanecer el silencio.
Y
camino al color deseado, una y otra vez, supondremos casi todos los matices que
entrega la luz.
Más
tarde, subirá desde el centro mismo donde nace lo suave un brillo de nácar que
resbala cerca de la seda.
Y
por supuesto, el sabor que trae lo sustancial para reconocerte, utilizará la
guía del instinto y a la vez, se convertirá en “lo sublime”.
Es
solo entonces, que entre ambos, se confirma aquello que entendemos,
es
compartir. Perezcuper
Extraído de losguardianesdelarte.blogspot.com.ar
"Atardecer en el campo" - Autor: Romántico Fugaz (Acuarela sobre canson Nº 6)
lunes, 15 de abril de 2013
Agradecemos la colaboración de "la voz dormida" por el aporte del enunciado y su musicalización del poema escrito por Yanira Soundy : "A ese hombre"
Pienso en ese hombre que besa como si el mar fuera a
desbordarse,
Que siembra su sonrisa en mi piel con la altivez de la
espiga,
Que dibuja mi soledad sobre la niebla.
Pienso en ese hombre, dócil a mis ojos, fiel, pleno, íntegro.
En su vuelo humedecido sin tiempo y sin espacio.
Como primavera sobre el trigo del otoño.
Pienso en ese hombre que inventa soles, aguas de seda al tacto y una verdad
sencilla para amarme.
Ese hombre cierto, inconstante, mío.
En el callado temblor de sus latidos, en sus ojos de oscuros desafíos.
Pienso en ese hombre que me espera con dulce arrobamiento.
En su cabello de trigo que me inunda en un pleamar de pétalos y trinos.
Ese hombre:
Sol salvaje, río de música y silencio, pájaro en el alba.
Pienso en ese hombre y hay aroma en la música y color en el aroma, claveles
recién abiertos y flores niveas en mis sueños.
Yanira Soundy
Algún brazo detiene tu cuerpo para
adueñarse de lo que cree que es un tesoro lleno de misterios y placeres.
Acerado brazo que atenaza, que acollara, que aprisiona como la hiedra que rodea
al tronco. Ambicioso, él, se sumerge en la propia voracidad, en el deseo de
avaricia. Marca un paso demoledor que se acerca a la pasión, pero no está muy
distante de aquello, que luego, se transforma en indiferencia. Es como el
placer y el dolor, sin distancia, como la vida y la muerte.
¿Hilo fino que se estira hasta
romperse para desafiar con un mínimo contrapeso alguna ley de la “estática”?
No…la razón, puede que domine hasta
el punto que quiera domesticarte, tiene el argumento convincente, pero “esto”,
tiene un sentir más profundo, es la réplica.
En tu vuelo se escucha el rumor del
viento. Hace falta oírlo una sola vez y ya es suficiente. En el loco sendero de
trazo firme que deja tu viaje, que impresiona el aire con una estela de luz,
cola de cometa exorbitante que se dispara en tirabuzón, ahí mismo, queda
encajonado el canto que rumorea “las palabras sagradas”.
Tu aleteo, sopla aire para despeinar y
despertarnos “la sensación de libertad”.
Octaedro
(De
perros atados)
Es
posible que ese perro atado ladre
a
estrellas que lo aturden con señales
o
aúlle a quienes lo dejaron vigilando,
para
nadie, una casa abandonada.
Los
vecinos se quejan porque no pueden dormir,
escuchar
la radio o lustrar sus automóviles.
Mientras
tanto yo le adivino colmillos azules
como
el amor o la muerte y lo imagino altivo
como
algunos hombres o como muchos perros.
Porque
su sonido tiene algo de delicada insensatez
o
de agonía, y ese sonido me acompaña y me persigue.
Porque
su ladrido se impone por sobre las voces
desafinadas
y rancias de la gente
mezcladas
como al fondo de una olla.
Y
porque es posible que yo esté atado también,
pero
sin su convicción para ladrar y aullar
ahora que, siento finalmente que me han dejado solo
vigilando
una luz casi deshabitada.
Néstor
Mux
Te miro
y veo a través
de tu
mirada niña,
un
horizonte pleno…
atrapante…
hipnótico.
Te miro
y sé
que tus
ojos otean la distancia
preguntándole…
preguntándote…
como
será cruzarla.
Te miro y siento
que el temor por momentos
se agiganta,
apretando en la palma de tu mano
el pasado niño entre mis faldas.
Después, achicando el sudor
que te
recorre el alma,
sientes que está muy cerca tu partida.
Bocanada
de soles que te esperan…
tan
tuyos y seguros
tan
deseados
que por
más que mis faldas
y mis
manos se enreden en tus sueños…
vuelas,
planeas… partes.
Mientras,
detrás de ti
yo puedo
sonreír llorando,
y
llorando, reír
junto a
tu vuelo.
Niño – hombre
ya despegaste tu plumaje
de “canchero”
y aunque sepa del ir y venir
que empieza en el oleaje,
te despido feliz…
enormemente feliz….
de haber puesto menos peso a tu equipaje,
haberte contado que, ese horizonte
siempre…
siempre…
estará por encima y por delante,
para que estires tus sueños
y los alcances.
Alas azuladas
Te
veo entre brumas. Lejano aún en la cercanía, lejano aún estando aquí a mi lado.
Distancia
sin distancia.
Tan
acostumbrada a ti, tan acostumbrada a tus besos y caricias que ahora,
simplemente las extraño.
¿Donde
estarán tus pensamientos?
¿A
donde irán cuando vuelan? ¿Será que volverán aquí?
Te
veo entre brumas.
Lejano
aún en la cercanía, lejano aún estando aquí a mi lado.
Y
seguiré aquí esperando que vuelvas, que tu mente se acomode, que tu te
acomodes.
Seguiré
sosteniendo tu mano, seguiré acompañándote aunque tú me sueltes.
Seguiré
sabiendo quien eres aún cuando tu ya no sepas quien soy.
Tu
mente no volverá a ser la que era.
Tú
no volverás a ser el que eras.
Pero
aún sigues a mi lado y aunque ya no me recuerdes, sé que en alguna parte sabes
quien soy.
De
buena fibra
Me quede
detenida
en ese
instante de hace tanto y tan hoy.
Me
sumerjo en tus ojos tristes,
acaricio
en secreto tu sonrisa,
navego
tus labios una y otra vez,
soñando
ese beso.
Ese, que
lleno de lágrimas
no
pudimos dar,
con el
nudo de tanto vivido
y ¡tanto!
por dar.
Algún día recorreré tus cejas,
me dormiré en el espacio
entre tu nariz y tu mentón,
bajaré por tu barba zigzagueando
en la calidez de tu cuello,
para delirar historias sobre tu pecho.
Algún día, seré lo que debí ser,
piel de tu piel.
Por ahora, solo soy suspiro de un
encuentro,
y tú, aventurero de mis horas quietas.
¿Quién sabrá
jamás
de
pérdidas y olvidos,
cuando
aún late lo vivido?
¿Quien
pensara recuerdos
cuando aún la sangre
está
caliente de tanto deseo?
¿Quien se
esconde tras esos ojos
que
aún le miran?.
Los
despojos yacen
tras las
sombras,
mientras
las huellas
del ser
amado te consumen,
te
destripan, te vuelves carcajada de llanto,
la locura
se apodera de tu imaginación,
y aún
muriendo, te sientes viva,
por que
lo amas,
por que
es el sentido de tus días,
por que
su ausencia
es la
esperanza de la pronta venida.
El tiempo se vuelve nada,
la idea es la caricia,
y si es locura amar a un ausente,
que te
llamen loca de por vida.
¿Que saben ellos,
de sus besos tan sagrados,
de palabras que te hipnotizan,
de letras que se tatúan en la piel
hasta abrir heridas?
¿Que saben del despertar
en sus brazos y volverte mujer
y amante en un solo día?
que me
llamen loca...
por saber.. que ya no soy mía.
IVONNE
“Nostalgias”
En
el año 1980 mis padres compraron casa en el pueblo, a la que luego nos
mudaríamos. Un gran caserón antiguo del
año 1908, linda y pretenciosa, con ventanales gigantes con vidrios ingleses que
daban al patio, con casi 24
metros de frente, ventanas y puerta de cedro -ambos
altos- de dos cuerpos, con una gran claraboya en lo alto para que entrara luz y
aire y sus dos ventanitas alargadas también, protegidos por rejas.
El
llamador era una mano de bronce sujetando una bola, que apoyaba sobre otro
círculo de bronce. Bastaba que alguien lo tocara o lo golpeara y retumbaba en
toda la casa, penetrando el sonido por el ancho pasillo, llegando hasta el
parquecito del fondo.
Al
lado estaba la escuela, por lo cual, al pasar los chicos se prendían de la
manito, llamando. (jaja) las veces que
habré salido a ver quien era.
A
menos de 20 metros
estaba la Avenida
y enfrente, la Plaza
principal.
En
época de los carnavales veíamos los corsos, sentados en la vereda.
En
la esquina, la vieja panadería, al morir sus dueños paso a ser una confitería,
donde cenaban y se amanecían con su música fuerte, en alto volumen. En verano
era imposible conciliar el sueño con tanta juventud haciendo bochinche en la
calle y en la plaza.
En
la primavera del año 1989, el 13 de octubre para ser mas precisa, sufrí el
deceso de mi padre a consecuencia de un ACV (accidente cerebro vascular). La
casa paulatinamente dejó de tener vida, se fue inundando de tristeza para mí.
Ya no lo veía sentado enfrente en el banco de la plaza, o parado en la vereda
en el portón del garaje.
Mi
padre era una persona bastante silenciosa, armónica, su presencia irradiaba paz
y protección. De altura media, 1.75
mts., delgado, ágil, su andar era ligero como si sus pies no tocaran el suelo.
Reía poco, solo lo necesario, a veces su mirada se perdía como si se fuera
detrás de sus pensamientos.
De
más joven le gustaba llevarnos a mi madre y a mí, al cine, a las obras de
teatro o los circos (que recorrían los pueblos). Amaba la música, en especial
el tango, tocaba la armónica de oído. Me enseño a bailar la música porteña,
para mis 15 años me presento en sociedad en un baile, bailando un vals conmigo.
Cuando
se casaron habían ido a vivir a la capital, Buenos Aires. Y se quedaron trabajando
allí los dos durante 6 años, hasta que anuncie mi llegada y a pedido de mi
madre regresaron a la campaña.
El
trabajo duro del campo no logró embrutecerlo, mantenía sus manos blandas y
deseos de hacer sociedad, casi todos los atardeceres iba al Club de la Sociedad Italiana
a encontrarse con sus amigos. Era un ser de mucha captación, sensible y a la
vez muy sufrido.
Se
fue muy joven aún, muy vital con sus 73 años, de manera inesperada, dejando un
gran vacío.
Cada
vez que visito mi pueblo, al pasar por la Avenida, miro la que fue mi casa, pretendiendo
ver inconcientemente a mi mamá en la puerta de entrada, y a mi papá en la
vereda o sentado en el banco de la plaza …
Brisa
de un pétalo
LA ISLA
…Y vio el arcoíris que desplegaba hasta ella siete
hermosos tonos de azul, desde el intenso lapislázuli hasta un casi
imperceptible celeste.
Supo que debía subir por él y viajar así a universos
jamás conocidos, pero mil veces soñados, por ella.
Le costó increíblemente mover sus brazos e incluso sus
dedos pues llevaba una eternidad completamente inerte. Poco a poco
sintió la corriente cálida de su sangre y esa sensación le hizo recordar que
aun estaba viva.
Se inclinó ligeramente hacia su izquierda para
comenzar la escalada y fue cuando se percató de que no podía sentir
sus extremidades, pero no se extrañó como tampoco sintió asombro alguno, al
observar que en el sitio donde la memoria le decía que estaban sus piernas,
solo habían dos protuberancias verdes que se fundían con el paisaje selvático
de la diminuta isla.
Alzó su mirada triste hacia el sendero azul y reprimió
con firmeza las lágrimas que comenzaban a salir, pues cierto instinto heredado
de algún ancestro le dijo que su llanto sólo fertilizaría aquella vegetación y
ésta, finalmente, terminaría asfixiándola.
Cerró sus ojos y pensó resignarse, pero una suave
brisa trajo hasta ella una voz olvidada en el tiempo y que alguna vez, le
susurró al oído que el azul es el color de las ilusiones.