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Editado por el autor

San Martín: El autor 2012 ISBN 978-887-33-0957-4 CCD B863

lunes, 15 de abril de 2013

Agradecemos la colaboración de "la voz dormida" por el aporte del enunciado y su musicalización del poema escrito por Yanira Soundy : "A ese hombre"



Pienso en ese hombre que besa como si el mar fuera a desbordarse,
Que siembra su sonrisa en mi piel con la altivez de la espiga,
Que dibuja mi soledad sobre la niebla.
Pienso en ese hombre, dócil a mis ojos, fiel, pleno, íntegro.
En su vuelo humedecido sin tiempo y sin espacio.
Como primavera sobre el trigo del otoño.
Pienso en ese hombre que inventa soles, aguas de seda al tacto y una verdad sencilla para amarme.
Ese hombre cierto, inconstante, mío.
En el callado temblor de sus latidos, en sus ojos de oscuros desafíos.
Pienso en ese hombre que me espera con dulce arrobamiento.
En su cabello de trigo que me inunda en un pleamar de pétalos y trinos.
Ese hombre:
Sol salvaje, río de música y silencio, pájaro en el alba.
Pienso en ese hombre y hay aroma en la música y color en el aroma, claveles recién abiertos y flores niveas en mis sueños.

Yanira Soundy

     Algún brazo detiene tu cuerpo para adueñarse de lo que cree que es un tesoro lleno de misterios y placeres. Acerado brazo que atenaza, que acollara, que aprisiona como la hiedra que rodea al tronco. Ambicioso, él, se sumerge en la propia voracidad, en el deseo de avaricia. Marca un paso demoledor que se acerca a la pasión, pero no está muy distante de aquello, que luego, se transforma en indiferencia. Es como el placer y el dolor, sin distancia, como la vida y la muerte.

         ¿Hilo fino que se estira hasta romperse para desafiar con un mínimo contrapeso alguna ley de la “estática”?
          No…la razón, puede que domine hasta el punto que quiera domesticarte, tiene el argumento convincente, pero “esto”, tiene un sentir más profundo, es la réplica.
          En tu vuelo se escucha el rumor del viento. Hace falta oírlo una sola vez y ya es suficiente. En el loco sendero de trazo firme que deja tu viaje, que impresiona el aire con una estela de luz, cola de cometa exorbitante que se dispara en tirabuzón, ahí mismo, queda encajonado el canto que rumorea “las palabras sagradas”.
          Tu aleteo, sopla aire para despeinar y despertarnos “la sensación de libertad”.

Octaedro


(De perros atados)

Es posible que ese perro atado ladre
a estrellas que lo aturden con señales
o aúlle a quienes lo dejaron vigilando,
para nadie, una casa abandonada.
Los vecinos se quejan porque no pueden dormir,
escuchar la radio o lustrar sus automóviles.
Mientras tanto yo le adivino colmillos azules
como el amor o la muerte y lo imagino altivo
como algunos hombres o como muchos perros.
Porque su sonido tiene algo de delicada insensatez
o de agonía, y ese sonido me acompaña y me persigue.
Porque su ladrido se impone por sobre las voces
desafinadas y rancias de la gente
mezcladas como al fondo de una olla.
Y porque es posible que yo esté atado también,
pero sin su convicción para ladrar y aullar
ahora que, siento finalmente que me han dejado solo
vigilando una luz casi deshabitada.

Néstor Mux


Te miro y veo a través
de tu mirada niña,
un horizonte pleno…
atrapante… hipnótico.
Te miro y sé
que tus ojos otean la distancia
preguntándole…
preguntándote…
como será cruzarla.


Te miro y siento
que el temor por momentos
se agiganta,
apretando en la palma de tu mano
el pasado niño entre mis faldas.
Después, achicando el sudor
 que te recorre el alma,
sientes que está muy cerca tu partida.


Bocanada de soles que te esperan…
tan tuyos y seguros
tan deseados
que por más que mis faldas
y mis manos se enreden en tus sueños…
vuelas, planeas… partes.
Mientras, detrás de ti
yo puedo sonreír llorando,
y llorando, reír
junto a tu vuelo.


Niño – hombre
ya despegaste tu plumaje
de “canchero”
y aunque sepa del ir y venir
que empieza en el oleaje,
te despido feliz…
enormemente feliz….
de haber puesto menos peso a tu equipaje,
haberte contado que, ese  horizonte
siempre…  siempre…
estará por encima y por delante,
para que estires tus sueños
y los alcances.

Alas azuladas


Te veo entre brumas. Lejano aún en la cercanía, lejano aún estando aquí a mi lado.
Distancia sin distancia.
Tan acostumbrada a ti, tan acostumbrada a tus besos y caricias que ahora, simplemente las extraño.
¿Donde estarán tus pensamientos?
¿A donde irán cuando vuelan? ¿Será que volverán aquí?
Te veo entre brumas.
Lejano aún en la cercanía, lejano aún estando aquí a mi lado.
Y seguiré aquí esperando que vuelvas, que tu mente se acomode, que tu te acomodes.
Seguiré sosteniendo tu mano, seguiré acompañándote aunque tú me sueltes.
Seguiré sabiendo quien eres aún cuando tu ya no sepas quien soy.
Tu mente no volverá a ser la que era.
Tú no volverás a ser el que eras.
Pero aún sigues a mi lado y aunque ya no me recuerdes, sé que en alguna parte sabes quien soy.


De buena fibra



Me quede detenida
en ese instante de hace tanto y tan hoy.
Me sumerjo en tus ojos tristes,
acaricio en secreto tu sonrisa,
navego tus labios una y otra vez,
soñando ese beso.
Ese, que lleno de lágrimas
no pudimos dar,
con el nudo de tanto vivido
y ¡tanto! por dar.



Algún día recorreré tus cejas,
me dormiré en el espacio
entre tu nariz y tu mentón,
bajaré por tu barba zigzagueando
en la calidez de tu cuello,
para delirar historias sobre tu pecho.
Algún día, seré lo que debí ser,
piel de tu piel.
Por ahora, solo soy suspiro de un encuentro,
y tú, aventurero de mis horas quietas.



¿Quién  sabrá  jamás
de pérdidas y olvidos,
cuando aún late lo vivido?
¿Quien pensara recuerdos
 cuando aún la sangre
está caliente de tanto deseo?
¿Quien se esconde tras esos ojos
que aún  le miran?.
Los despojos yacen
tras las sombras,
mientras las huellas
del ser amado te consumen,
te destripan, te vuelves carcajada de llanto,
la locura se apodera de tu imaginación,
y aún muriendo, te sientes viva,
por que lo amas,
por que es el sentido de tus días,
por que su ausencia
es la esperanza de la pronta venida.

El tiempo se vuelve nada,
la idea es la caricia,
y si es locura amar a un ausente,
que te  llamen loca de por vida.
¿Que saben ellos,
de sus besos tan sagrados,
de palabras que te hipnotizan,
de letras que se tatúan en la piel
hasta abrir heridas?
¿Que saben del despertar
en sus brazos y volverte mujer
y amante en un solo día?
que me  llamen loca...
por saber.. que ya no soy mía.

                                        IVONNE



“Nostalgias”

En el año 1980 mis padres compraron casa en el pueblo, a la que luego nos mudaríamos.  Un gran caserón antiguo del año 1908, linda y pretenciosa, con ventanales gigantes con vidrios ingleses que daban al patio, con casi 24 metros de frente, ventanas y puerta de cedro -ambos altos- de dos cuerpos, con una gran claraboya en lo alto para que entrara luz y aire y sus dos ventanitas alargadas también, protegidos por rejas.
El llamador era una mano de bronce sujetando una bola, que apoyaba sobre otro círculo de bronce. Bastaba que alguien lo tocara o lo golpeara y retumbaba en toda la casa, penetrando el sonido por el ancho pasillo, llegando hasta el parquecito del fondo.
Al lado estaba la escuela, por lo cual, al pasar los chicos se prendían de la manito, llamando.  (jaja) las veces que habré salido a ver quien era.
A menos de 20 metros estaba la Avenida y enfrente, la Plaza principal.
En época de los carnavales veíamos los corsos, sentados en la vereda.
En la esquina, la vieja panadería, al morir sus dueños paso a ser una confitería, donde cenaban y se amanecían con su música fuerte, en alto volumen. En verano era imposible conciliar el sueño con tanta juventud haciendo bochinche en la calle y en la plaza.
En la primavera del año 1989, el 13 de octubre para ser mas precisa, sufrí el deceso de mi padre a consecuencia de un ACV (accidente cerebro vascular). La casa paulatinamente dejó de tener vida, se fue inundando de tristeza para mí. Ya no lo veía sentado enfrente en el banco de la plaza, o parado en la vereda en el portón del garaje.
Mi padre era una persona bastante silenciosa, armónica, su presencia irradiaba paz y protección.  De altura media, 1.75 mts., delgado, ágil, su andar era ligero como si sus pies no tocaran el suelo. Reía poco, solo lo necesario, a veces su mirada se perdía como si se fuera detrás de sus pensamientos.
De más joven le gustaba llevarnos a mi madre y a mí, al cine, a las obras de teatro o los circos (que recorrían los pueblos). Amaba la música, en especial el tango, tocaba la armónica de oído. Me enseño a bailar la música porteña, para mis 15 años me presento en sociedad en un baile, bailando un vals conmigo.
Cuando se casaron habían ido a vivir a la capital, Buenos  Aires. Y se quedaron trabajando allí los dos durante 6 años, hasta que anuncie mi llegada y a pedido de mi madre regresaron a la campaña.
El trabajo duro del campo no logró embrutecerlo, mantenía sus manos blandas y deseos de hacer sociedad, casi todos los atardeceres iba al Club de la Sociedad Italiana a encontrarse con sus amigos. Era un ser de mucha captación, sensible y a la vez muy sufrido.
Se fue muy joven aún, muy vital con sus 73 años, de manera inesperada, dejando un gran vacío.
Cada vez que visito mi pueblo, al pasar por la Avenida, miro la que fue mi casa, pretendiendo ver inconcientemente a mi mamá en la puerta de entrada, y a mi papá en la vereda o sentado en el banco de la plaza …

Brisa de un pétalo



LA ISLA

…Y vio el arcoíris que desplegaba hasta ella siete hermosos tonos de azul, desde el intenso lapislázuli hasta un casi imperceptible celeste.

Supo que debía subir por él y viajar así a universos jamás conocidos, pero mil veces soñados, por ella.
Le costó increíblemente mover sus brazos e incluso sus dedos pues llevaba  una eternidad completamente inerte. Poco a poco sintió la corriente cálida de su sangre y esa sensación le hizo recordar que aun estaba viva.
Se inclinó ligeramente hacia su izquierda para comenzar la escalada y fue  cuando se percató de que no podía sentir sus extremidades, pero no se extrañó como tampoco sintió asombro alguno, al observar que en el sitio donde la memoria le decía que estaban sus piernas, solo habían dos protuberancias verdes que se fundían con el paisaje selvático de la diminuta isla.

Alzó su mirada triste hacia el sendero azul y reprimió con firmeza las lágrimas que comenzaban a salir, pues cierto instinto heredado de algún ancestro le dijo que su llanto sólo fertilizaría aquella vegetación y ésta, finalmente, terminaría asfixiándola.
Cerró sus ojos y pensó resignarse, pero una suave brisa trajo hasta ella una voz olvidada en el tiempo y que alguna vez, le susurró al oído que el azul es el color de las ilusiones.
Entonces sonrió…

Amaranta




Aspereza, la que deja el agua-ardiente,
la que arrastra la ingenuidad de un trago
que se bebe sin la intención de emborracharse.

Aspereza, la que socava en la piedra
el agua de las lluvias,
o el glaciar que se mueve sobre la roca.

Aspereza que se convierte en superficie pulida,
que se nota en la redondez de esa dureza
que acompaña el lecho del río.


Aspereza, la que entrega el trabajo
que se adueña de las manos.

Aspereza, la que derrama
el suburbio con su gente,
en peregrinaje continuo.

Aspereza que duele
en el rostro de los inocentes,
cuando escupe la miseria del hambre.

Aspereza, el crimen que la ambición provoca. 

Áspera y difícil, hostil y temeraria,
la realidad que construye el hombre,
avanza con holgura sobre toda la vida.
 
¿Será, que en alguna esquina de un sueño,
el hombre, podrá despertarse
con su candorosa sencillez
para crear otra ilusión?


De todos los fuegos…

lunes, 18 de febrero de 2013



    Dibujo con photoshop "...explorando el rojo" - Sin título - Autor: Romántico Fugaz extraído de su blog

Agradecemos la colaboración de MarenCalma por la lectura del poema y musicalización de este video.


Mujer-ensueño

Adhiero a una forma de pensarte,
de construirte en segmentos perfumados
que descubren una nube de suspiros,
con brillos que derrochan alegría,
de gestos que llenan casi todos
los silencios de tu asombro.

Adhiero a una forma de tocarte
justo detrás de aquella luz,
para ver y palpar mejor
donde empieza lo suave
y como se refrescan las manos
en algún vapor del regocijo.

Adhiero a contemplarte
en toda tu extensión,
solo, para aprender  a deslizarme
sobre esos, los recovecos más dulces.

Adhiero a trepar sobre tu árbol cálido,
de sombra inquieta, que multiplica
sus innumerables ramas que me abrazan.

No encuentro nada de ti
que no merezca festejarse como un milagro,
por eso, adhiero también a tus cabellos,
mundo de fibras que acerca la cortina
esplendorosa en plena danza ondulada.

Y adherido estoy a tus entrañas
para celebrar allí el sinuoso recorrido
de la sabia que alimenta tu latido.

Voy observando sobre el llano
donde crecen girasoles,
la advertencia que trae la lluvia fresca
en la que te ha convertido mi sed.

Voy multiplicándome en sonidos
hasta inundarte de armonía
cuando menos lo esperan tus oídos,
así, me desbarranco en una canción
que se dispara en tus cuerdas.

Peino con mi lenta exhalación,
infinitos tallos de tu siembra en el cielo,
que deja caer esas hojas,
para cubrirme del color de una caricia.

Dibujo de tu luz
que estalla en la misma franja
en que se vuelca el mar tibio de una esperanza.

Octaedro 

La palabra
 
Estoy entre ese espacio
en que se pierden
los crepúsculos que soñé,
y  todo se transforma
en cataratas negras
que me arrancan el alma,
sin dejar huellas de lo que fui.
Estoy entre infinidades
de “no quiero”,
por ser algo ínfimo
de lo que quise ser
y no pude más.
Estoy entre un “me voy”
y un, “no tengo ganas de estar”.
No soy nada.
Me fui hace tiempo entre sus ojos.
Ahora, solo vivo cuando él me recuerda.


A veces, me gusta pensar
en los hombres como nubes,
cada cual con su forma, su espacio,
la luz del sol que los atraviesa
de diferente manera.
Sus movimientos cambiantes.
Pero el viento llega
y solos, se van
a recorrer otros cielos.
Y vendrán nuevas nubes
y buscaré formas.
Todo me sirve para escribir.
Todo, hasta lo que no existe y lo invento.
Siempre gano, hasta cuando pierdo.


La palabra, como gota de sangre,
se escabulle, lo cambia todo en coágulos
que se desparraman por las venas,
con  ninguna coma 
en los pensamientos, sin detenerse.
Ahora, te bloquea un instante,
te incita, te hace humano,
hasta que la corriente, de nuevo,
se convierte en agua.
Sudas la palabra, la lloras, la escupes,
la mudas en orgasmo virtuoso,
la muerdes y otra vez, se hace catarata.
La palabra, no es más que piel escrita
que se vuelve nada. Nada…

Yvonne


Agradecemos el aporte realizado por Rayen srkl

“¡Cuidado con las palabras! A veces puede costar demasiado caro pronunciarlas.
Cristo, Sócrates, Giordano Bruno, padecieron la intolerancia dialéctica imperante. La guadaña le pasó cerquita a Descartes, pero arrasó simbólicamente con el pobre Galileo, le costó la excomunión a Spinoza, y Benjamin tuvo que «autoajusticiarse».
Concuerdo con el cuidado de la adecuación de la munición al enemigo. No se le puede tirar con un cañón a una termita. Ni recitarle la tabla del dos a Einstein. Esa regla de oro, puede ser tenida en cuenta a la hora de manifestarse ante un tribunal examinador o en una presentación académica escrita.
También, y además, y especialmente, lo mismo rige en las relaciones amorosas. Y por qué no decirlo en todo ámbito concerniente”.

Enrique Garcia




En esta última soledad
de los silencios…
donde se termina un día,
donde llega indefectiblemente
la oscura y absoluta certeza
de estar solo….
pienso-siento-creo,
que estas aquí.
Mirándome desde tu absoluta
soledad,
y escuchándome
como lo hiciste siempre
en estos últimos años
que estuvimos juntos.
Siento pena
por no haber podido
escuchar esto antes
de que partieras, papá.

Patuky


“…la inminencia de una revelación que no se produce, es tal vez, el hecho estético”. (J. L. Borges)

Desanudar las letras que se entrelazan en la mente de alguien, con esta precaria mirada hacia las almas que descubren sus quebrantos y alegrías. Sortear el límite del lenguaje para encontrar los sonidos de cada sentimiento y entonces, cuando se moldea la palabra en la garganta, aprisionarla para atenuar el grito. Desde ahí, liberar está forma de expresión, querer derramar “un torrente de ese fluido” que refresque algo de la vida.
Luego ¿la condición es escuchar tú “voz”? ¿tu propia música? ¿el canto de todo, de cada cosa de este universo que te puebla y que procura encenderse en “alguna magnificencia”?

Así, se supone de aquellos “enunciados”; que te traspasan, que te hieren, que te acarician o que te ofenden, que te escupen, que te moldean, que te encantan, que te llevan, que te imaginan o que te rezan, que te traen, que te hacen volar, que te opacan, que te pintan, que te recuerdan, que te quieran, que te odien, que te obliguen, que te maten, que te castiguen o te premien, que nuevamente, te hagan nacer, que reniegues y que renuncies, que luches y huyas por cobardía, que regreses por ser valiente, que te limpien, que te humillen, que te denigren, que te mutilen, que te honren, que te satisfagan y al fin, otra vez, que te dejen enamorarte. Y que te hagan agradecer… una y otra vez… y otra vez…

La escritura que “pretende” -quizás-  inmovilizar el instante en que nuestro pensamiento dispone de su imaginería, de sus divagues, de reflexionar y después, dejar que “ella” ,“la oración”, se traslade o se alargue, se recupere y se transforme, se adapte al entendimiento particular y se multiplique de una manera diferente en cada uno que la lee.
Es decir; un “juego” en el que las palabras se vinculan con un estado de ánimo del individuo que proyecta “la significación”, y que luego, lo traduce con su propio sonido, música o color, o eso que también, se sobrepone a lo emotivo. Nos va dejando ese rastro.
Tal vez, “la oración” ¿llegue con la impronta de cada lector, la que le corresponde un sentir para ser “transformada” en un texto de infinitas variantes?
No es, necesariamente, el que lee, un individuo “distinto” sino –puede ser- la misma persona en distintos tiempos y estados de ánimo. Eso es, lo que va dando una idea de la diversidad en que será “reinventada la oración”.
Entonces, *“…es el lector el que crea la literatura” (*J. L. Borges). No es más que él, con la idea reveladora de quien se entusiasma por “reconvertir” y “recrear” lo que alguna vez fue pronunciado por su autor preferido y admirado.
Esa “revelación” trasciende el misterio que encierra “la escritura”, su musicalidad, la significancia, todo aquello que produce sensaciones, lleva implícita la sustanciosa espiritualidad que nos hace reconocernos.

De todos los fuegos…



Sabor de sabores,
cuando se impregna
a nuestro alrededor el verde-selva
que inunda el hueco de nuestros pulmones.
Sabor de comidas que suplantan
la brisa con risueños aromas.
Sabor de la noche,
cuando flota en el aire
un vapor salitroso, mínimo,
cuando el agua calma del mar, arrulla,
cuando la luna viaja con su luz,
para extasiar la mirada.


       
Sabor de la música que transpira
desde las mañanas en cada objeto
o cada sujeto vivo,
o aún, imperceptiblemente,
cuando recién está muerto.
Sabor de la mirada en cada color
que transcurre con su tiempo.
Sabor de las manos que construyen,
que entibian la frescura de un vegetal,
que se frotan con el resuello de alguna idea
o que recorren tu cuerpo. 

Sabor de mujer
que nos premia con más vida,
que nos multiplica,
que nos ordena con un mandato natural,
que es el “dejarnos amar”.
Sabor de la belleza cuando se embriaga
el corazón de tanta maravilla.
Sabor de lo cotidiano,
que trae voces iguales a estas, que tal vez,
no tienen amparo de alguna sorpresa.

Octaedro




Alberto, en el recuerdo. 

La trágica noticia, me la dio una enfermera por teléfono:
-¿Es usted familiar de Alberto F....?
-Soy una prima -le respondí.
-Le comunico que falleció anoche, de un paro respiratorio.
A mi pregunta de;
-¿Como sucedió? ¿Sí, según él mismo, me decía que estaba mejor y lo iban a mandar a su casa?.
Su respuesta fue:
 -Se descompensó y lo tuvieron que trasladar a otra clínica para atender más complejidades, en donde en una UTI (Unidad de Terapia Intensiva) le dio tres paros cardio-respiratorios, produciéndose el deceso.
Le agradecí y colgué el teléfono. Por un instante quedé atónita, paralizada, “Alberto, murió”. No había dudas, la información concordaba en todo, era cierto…
Sentí  como si un gran mazazo me destrozara. Pagué la comunicación y salí a la calle, en estado de shock, comencé a caminar…Todos los recuerdos vinieron a mi mente: los 13 años de amistad  hermosa, incondicional, éramos compinches en todo.
Yo le había ayudado a que siguiera estudiando, pasándole apuntes y copiándoselos. Lo incitaba a estudiar, como su segundo hermano mayor que ya era medico y seguía patología. Él me decía: “Negra, mi hermano es sano, yo soy diabético desde los cuatro años, se que voy a quedar ciego y a morir joven”. Vivía con sus dosis diarias de insulina. A lo cual yo, lo reprendía diciéndole que era haragán. A los 22 años yo logro terminar la secundaria de adultos.
Por esa época “me puse de novio” y formo pareja con el padre de mi hijo, regresando a mi pueblo.
No supe nada de Alberto por unos siete u ocho años. Un día mirando la página de profesionales de Junín, leo laboratorio de patología del hermano y Alberto, técnico patólogo, trabajaba en el mismo laboratorio. Se me llenó el alma de alegría, “lo había logrado”.
Una tarde temprano, en un semáforo, esperando para cruzar la calle, para ir a la academia donde hacia un curso de masajes y digitopuntura, escucho mi nombre gritado desde un auto. Era Albertito, ¡que alegría tan grande! verlo después de tanto tiempo.
Nos abrazamos fuerte y quedamos en encontrarnos a tomar un café y charlar a la salida de mi curso, en la cafetería de la esquina.
Nos charlamos todo, lo vivido durante esos años en que no nos vimos, le conté de la separación de mi pareja, que vivía con mi hijo en la casa de mis padres, que había abierto un local de depilación y masajes, etc.…Ese día fui a saludar a su mamá la cual se alegró mucho de verme, conocí a su hermano medico y también, a su otro hermano al cual yo conocía.
A partir de ese día, cada jueves, cuando salía de mi curso, iba al laboratorio, en planta baja, donde tenían los departamentos de su mamá, y de sus hermanos. Él vivía con ella.
Como buen hijo de árabes, era sumamente inteligente e intuitivo, con repasar la mirada en mi, se daba cuenta si yo tenia un problema, entonces, insistía hasta que se lo contaba.
Quería hacerme entrar de enfermera en una clínica, y yo no sabia nada de eso. Quería que fuera enfermera como su mamá, o que aprendiera con él a preparar el material de los PAP y las biopsias y así, trabajar con él.
Me sorprendió un día, diciéndome, que “siempre había estado enamorado de mi”, yo me reí y le contesté:
-¿Vos? Jajajá… ¡Ves una escoba con polleras y ya te enamoras!  -No le creía.
Tenían con su familia una quinta en las afueras de la ciudad, con pileta, cancha de tenis y un gran parque, en donde tenia perros ovejeros alemán de raza, “había ganado un primer premio, con un hermoso ejemplar”. Le gustaban las plantas y había puesto ese invierno, varios rosales y un jazminero.
Corría el mes de junio de 1988, acepté ser su novia, a pesar de no estar enamorada de él, lo quería mucho y nunca iba a dejarlo (así se lo dije) éramos tan compañeros en todo…
Alberto quería formar pareja ese mes de julio, que yo cambiara a mi hijo de escuela y vivir en la quinta.
-¿Porqué tanto apuro? -le contesté- Esperemos a las vacaciones de verano y que comience el año escolar aquí.
La tarde del 13 de agosto, vamos a la quinta y me muestra su jazminero, “le había dado un hermoso jazmín”. Cosa muy extraña, cuando los jazmineros florecen  a fines de noviembre o diciembre.
En 48 horas, una neuropatía aguda, en forma inesperada, se lo lleva el 3 de septiembre de ese año 1988, a los 33 años. En un invierno muy frío que no dejaba llegar la tibieza de la primavera, tan próxima.
Superado el gran impacto de su partida, encontré la fuerza en su recuerdo. Su alegría de vivir, su risa, casi permanente. Me enseño a valorar las pequeñas cosas de la vida, el amor al prójimo, a proyectarme en la vida. El recuerdo de sus palabras: “Negra, sos inteligente, vos podés lograr lo que te propongas”, fue mi motor…
 Hice varios cursos a partir de allí, entre ellos, también enfermería. A todos los desarrollé trabajando.
Sentía una fuerza interior muy grande  que me impulsaba a seguir y lo recordaba con alegría, agradeciendo a la vida el haberme dado la oportunidad de conocer a alguien tan especial.
A más de 24 años de su partida, siento que desde el más allá, me sigue guiando y protegiendo. Seguimos siendo los Amigos compinches, que fuimos durante 13 años.

Brisa de un pétalo

 


Me paro frente a ti
Tratando de observarte 
Aunque no te vea.
No tienes rostro
No tienes cuerpo
Solo tengo tu voz
Solo tengo tus palabras.







Parada frente a ti
Tratando de observarte 
Aunque no te veo.
Siento tu respirar
Siento tus manos
Deslizarse suavemente por mi cuerpo.
Tus dedos juegan con mis cabellos.
Tus labios me rozan acariciando mi rostro.
Delicadamente me transportas
A mundos imaginarios
Cargados de amor y deseo.




Parada frente a ti
Tratando de observarte
Aunque no te vea.
Me quedo quieta
Muy quieta esperando
Que vengas a mi
Para hacerme sentir
Que es posible,
Aun sin volar,
Llegar hasta el cielo


De buena fibra

sábado, 12 de enero de 2013



             "Sueños rotos" Autor: Romántico Fugaz Acrílico sobre tabla de madera (50 x 70 cm)
Agradecemos a Romántico Fugaz por el aporte extraído de  losguardianesdelarte.blogspot.com.ar      






Nadie quiere renunciar
a su propia “humanidad”,
desde ahí, se fortalece el espíritu
aún cuando nos toque sufrir...
Desde ahí, se tejen                                      
los sueños que tal vez,
se hagan  realidad.
Desde allí, es que nos hacemos
de coraje para enfrentar
las peores batallas.
Desde allí, nace el egoísmo
para pergeñar la malicia.
Desde ahí, construimos
nuestra afectividad.



Entonces, El Amor pasa
a ser “el sentido de la vida”.
“El amor no es algo trillado”,
quizá, es el recurso para seguir
extendiéndose en los puentes
o crear obras de arte,
o es tal vez, lo que hace
sentir más añoranzas
o lo que nos identifica
de la animalidad.
Lo que ayuda a renovar la ilusión.
Es decir: tengamos aquello
 que nos hace seguir creyendo
para cuando nos inunda
la soledad o el terror
de la desesperación.

Octaedro




Hubo que había que erase una vez,
                                                        el principio del principio... o lo que se llamó un principio. ¡En que estado majestuoso se manifestaba el ser! ¡Todo era luz! ¡Refulgencias!
La armonía se extendía hacia todos los planos de la existencia y hacia todos los puntos, es decir; desde donde se veía asomar el sol, esconder la luna y a las estrellas hacer guiños cómplices de luz.
Lejanas comarcas... Duendes celestes... Era un deleite la observación y el trabajo en el antiguo bosque de murmullos casi inaudibles. Algunos árboles parecían pequeños riscos multicolores y otros eran poderosos en tamaño, formas y color, con raíces azules o amarillas, conformando una variedad de “esculturas”, propias de un genio loco.
Alzaban sus voces agitando sus brillantes hojas doradas al aire. Mecían las ramas saludando a la variada población de fauna y flora, rica y propia de todo lo que luego, serían “diferentes países”. Era la geografía de “los de abajo” que convivían en una franca armonía.
El aroma que despedía ese lugar de ensueños, era dulce... penetrante... envolvente... y en lo profundo del bosque se filtraban los rayos de sol, que iluminaban el polvillo de polen, movidos por la corriente de aire, se hacían y deshacían, componiendo y descomponiendo dibujos, en arabescos, con tonalidades irisadas.
El lenguaje era común para todos, por consiguiente, se sabían historias de larga vida de cada especie que moraba en ese dulce hogar.  
Todos trabajaban para dar luz a quienes habían decidido bajar como semidioses; con sus cuerpos densos, con sus pasiones y también, con los atributos propios de la “gran luz creadora” para poder sustentar otras formas vivientes, otras cuestiones de vida -que no era vida- sino la gran ilusión, la irrealidad de quienes fueron los habitantes de La Gran Pachamama.


Rayen 


Agradecemos la colaboración De buena fibra por el aporte de este texto leído y musicalizado,  dicho enunciado es de su autoría.



No sé qué hacer con este sentimiento, el solo pensarte hace temblar cada milímetro de mi cuerpo.
Te pienso y te siento tan cerca de mí, tan pegado a mí,aun cuando mi cabeza sabe que estas muy lejos.
Tu simple hola en las mañanas es suficiente para hacer mi día mejor. 
El saber que estas ahí conectado del otro lado es mi más dulce compañía en mis solitarios momentos.
Y me imagino que estas acá, sentado junto a mi  y ese es mi más grato sueño.
Si yo tuviera una mínima posibilidad, si pudiera pedir un deseo, sería el de pasar un momento, uno solo a tu lado para así poder quedar impregnada de vos y tenerte más completo en mi y de esa manera dejarte tatuado en todo mi cuerpo.
Imagino ese momento y mi deseo es infinito si tan solo se me pudiera cumplir ese sueño sé que sería la mujer más feliz.
Y me duele la situación en la que estoy, el no poder expresar abiertamente lo que siento, el no poder hacer que sepan que soy feliz cada vez que te veo.
La vida caprichosamente nos juega malas pasadas y yo quizás en otro momento la habría dejado pasar pero algo en vos me hace no poder pensar y me lleva a solamente a sentir y sentirte de esta grata forma en que te siento.
Solamente, sé ahora que te quiero y no quiero dejarte y no quiero perderte y quiero guardar todo este sentimiento en el silencio de mi corazón, en las imaginarias caricias que le das a mi cuerpo.

De buena fibra



A veces nos quedamos
a mirar la estampa
perdida de la silueta.
A veces configuramos recuerdos
con retazos de pensamientos.
A veces nos transformamos en cometas
y alcanzamos las nubes por un rato.
Luego, empeoramos,
ponemos los pies en la tierra,
buscando en los suspiros
sentirnos humanos.





Lo deseaba,
deseaba esos labios
pero sus ojos miran
el vacío de mi silueta.
No hay primaveras
en sus pensamientos,
solo tacto.

Yo quería su beso,
el quería algún pacto,
confundirse en mi piel.
Yo quería sus sueños,
él  me quería de a ratos.

Tuve sus besos,
él tuvo su pacto.
Mil inviernos han pasado,
Yo aún recuerdo esos labios,
él, quizá, recuerde mi llanto.

Ya no deseo besos,
Ya no me apetece pactos.
Ya no lloro el adiós,
ahora  sonrío y amo.



Aún lo veo
en otros floristas,
pero ellos no tienen
sus labios.

Aprendí de él,
a cosechar cuerpos,
también, aprendí de él
que soy más que piel.

Aunque inerte
me encuentre
detrás del pasado,
viviré mi vida
buscando al florista.


Yvonne



Pathfinder

¿Como empezó todo? pues como comienzan las cosas de chat, una bromita, una carita de risa, luego un privadito y de repente... ¡Zas!  El flechazo.
Y flechazo es la palabra precisa para definir lo que sintió Path cuando la vio por primera vez. A partir de ese instante Path no dejaría de pensar en ella hasta el día de su muerte.
Y la fue descubriendo, tan bonita por dentro, era de una finura exquisita, cada día se enamoraba más de ella, y ella de él. Los días  para Path se volvieron maravillosos, la vida se le tiñó de todo un arcoiris. Ella era lo que él había soñado, adoraba su forma de quererlo, lo hacía olvidarse de la vida entera, enterró sus sueños momentáneamente para vivir su amor. 
Y sus sueños eran, ser un profesor en un pequeño pueblo junto al río, soñaba con una vida tranquila enseñando a niños y adultos, ellos lo necesitaban pero momentáneamente tenían que prescindir de Path, ella era su vida entera, su prioridad. Y Path supo por fin, lo que era amar y ser amado.
Pero el amor si bien no acaba, cambia de lugar, y cambió de lugar el amor de ella, apareció el eterno "alguien más" y a Path se le acabó el mundo. Al comienzo fue muy duro verla con ese "otro", dolía demasiado, primero reaccionó violentamente, luego hizo quinientas piruetas para llamar su atención sin lograr nada, ella estaba enamorada…y era feliz. Y como sucede cuando se ama inmensamente… el decidió por la felicidad de ella y quiso cambiar el rumbo de su vida
Pero no era fácil, no podía arrancarla ni de su corazón ni de sus pensamientos. El corazón jamás obedece a la razón. Y Path trazó su vida de este modo, la amaría por siempre, continuaría su misión en la vida con ella dentro de su corazón.
Y comenzó su nueva vida como se lo había propuesto, como le enseñó cierto ratoncillo,  amándola por siempre, cuidándola desde lejos, dejándola volar.
La seguía a todos lados, siempre de lejos, una noche de luna llena, decidió dejarle un regalito, entró sigilosamente y se lo dejó, ella sabría que era de él. Era una estrella de plata. A los pocos días se la vio puesta y supo que él aún le importaba. 
A la siguiente noche de luna llena, él dejó un regalo en su ventana, se alejó y se escondió, al rato ella abrió su ventana y encontró el regalo, se lo pegó en el pecho y miró al cielo. Se la veía ¡tan hermosa!
En las noches se sentaba junto al río a leer y pensar en ella, miraba el firmamento y cada estrella tenía su nombre, la veía en cada flor y en todo lo hermoso que pasara ante sus ojos. Se dormía pensando en ella y al despertar ella estaba ahí, en sus pensamientos.
Así pasaron muchas lunas, siempre algún regalo, una flor, unas gotas de rocío, un poema, una canción…
Y Path aprendió a vivir feliz con ese amor dentro del pecho, se dedicó a sus niños toda la vida recibiendo muchas satisfacciones a través de los años, cumpliendo con la labor que se había impuesto. Ella era la razón principal de su felicidad, pero a lo largo de su existir encontró otras mil razones para ser feliz. Y pasaron los años…
 Y se dice que hasta hoy, en las noches de luna llena, una figura encorvada y cansada, se acerca a cierta ventana y deja un regalo, a veces es una flor, a veces un poema, a veces una canción. Y dicen que hasta hoy, a la media noche, se puede ver a una hermosa mujer madura abrir esa ventana, pegar el regalo junto a su corazón y mirar al cielo, ella sabe que los dos miran la misma estrella.

Yoda



Regazo de mi vida

Muchas veces me preguntaron
-¿donde naciste?
- Nací en el mar,
soy la niña de las redes,
aquella que se sienta
y se ausenta de la escolaridad,
vuelve cada día
y su asiento que dispuesto está.
Regazo de mi vida
redes del mar,
perfume a pescado
que nunca supo olvidar,
vuelve y vuelve
siempre mirando al mar.
Barcos, piedras, algas, caracolas,
¡Marineros que se van!
¡Regazos de olas
que nunca podré olvidar!
 Marineros que se marchan
Para volver a su hogar.
La dicha de la esposa
que sabe esperar.
La sonrisa de los niños
al verle llegar.
! Regazo de mi vida,
hechizo de mar ¡
Y aunque mi vida se marche
mi alma estará en el mar.

Estela del mar


Descolgada del sentido de la vida

Descolgada del sentido de la vida
no puedo acercarme a una sonrisa.
Desconozco la manera de mirar,

haciendo saber que alguien me inquieta.
La sonrisa y las palabras que cruzamos
hacen surcos de sonrisas en la piel
sin embargo no puedo ni acercarme
al sueño de CREER.

Una vez mas la niña esta asustada.
Una vez mas la lagrima seduce,
y me voy a dormir deseando
un abrazo que me cubra el alma,
 y le de calor a mis sueños.

Una vez más relego
la caricia que puedo dar
por miedo.

Patuky
                                            Febrero 2008-02-07


P/D:   Pero puedo escribir un poema


                                                                   Ciudad de Salta, 10 de abril

A Usted:

Supongo que si fue un adiós -la despedida sin retorno- le estaré escribiendo a una mujer más “intangible” aún.

Me quedó pendiente aquello, de agradecer sus halagos ¡tan sentidos!

 Sus advertencias fueron también, muy certeras, esas de “comenzar por halagos puede ser peligroso”. La realidad es que estoy conmovido. Entiendo lo del sufrir, aún cuando seamos distintas personas o tengamos formas diferentes de como los aconteceres nos afectan, hay veces que sufrir por desamores, nos dejan deshilachados y apenas que podemos traducir todo como si fuéramos piltrafas.

Estoy bastante atrevido, escribiéndole a "una mujer que no voy a volver a saber de ella", pero como todo parece casi en el límite de lo inexplicable, a punto de zozobrar, ahí, en solitaria desesperación, quiero que sepa que  nunca me propuse “matar  su ilusión”. Aparte no tengo a nadie “que sepa abrir la puerta para ir jugar”. 

Eso sí, sé que hay en juego sentimientos muy caros y cuando no nos “sale todo como uno quisiera” parece que el sentimiento de dolor se hace mas profundo.
Hablé con Usted y me ha gustado ¡tanto!

Bueno, tal vez es demasiado tarde, pero mucho estimaría tener otra oportunidad de poder acercarme a alguien que me valoró, como Usted lo hizo. 


Yo,  aquí estoy en esa región del alma en que sucede todo, lo que esta cerca de la pasión y la nada.
Solo quiero que su humanidad ¡tan linda que  parece! se acomode en mi y si me deja, yo quiero acomodarme en la suya.
Ahí, hay vida que salpica vibraciones y estoy en resonancia.
Parece Usted  una cuerda tensa, una cuerda de mi guitarra.
Me gustaría tener esa cantidad de tiempo ilimitado cerca de sus labios para saber como combina su ebullición interior con su saliva.
Soy calmo y cálido tal cual puede adivinar ahora, pero suelo tener el atrevimiento de intentar acomodar sus cabellos en cualquier instante y querer  quedarme ahí.
Imagino, viento y sequedad, y cabellos que se desparraman.
Por eso me quedo aquí, ayunando, pendiente de sus palabras...por eso creo que me esta  envolviendo en su melena perfumada del aroma que trae la yunga.
En alguna hondonada de su valle está latiendo fuerte eso que parece posible y mis manos la buscan en plena oscuridad.
Le he dicho que me ha conmovido y no pregunte por qué, a veces sucede, es decir: ya está sucediendo.
Cada instante, cree que necesita la confirmación de todo y agrega un interrogante  más, que indaga, que escarba... por que su desconfianza ya no admite solo la palabra.
Quiere el aroma de mi aliento cargado –sutilmente- de lo que tiene mi desesperación.
Estoy empujando mis palabras y mis sentidos, justo para que llegue a su lado, es como deshilacharse hasta las fibras y soplarlas como una pluma para que, luego, desde el cerro, baje en una brisa que desparrame detrás de Usted, una caricia.
Ahora quiere predecir el futuro, que se yo.
“Los amorosos no hacen huevos fritos”. jajaja
Solo quería deshacerle el nudo de emociones para liberar su garganta e ir más a sus entrañas y no me la hace muy fácil, siempre hay un pero.
Y le digo: no hay perfección, nunca la hay, apenas que somos almas imperfectas y por allí, donde se filtra algo que puede tener ínfima pureza, es lo que nos cambia por dentro.
Ínfima pureza que a veces se diluye rápido, otras da para añorarla y solo se multiplica por obra de nuestra tozudez.
Un amor, tal vez, merezca eso que Usted  califica de "perfección limitada" y así, con esa  calificación tan académica, se puede encarar una aventura y un desafío. Algo que provoca una sonrisa constante en todo mi cuerpo.
Y sí suma sus labios y su aliento, no sé, pero entraría en ahogos cortos para terminar derritiéndome cerca del lóbulo de su oreja.
Ahí, ya estaríamos bien, como suspendidos en el aire, volando entre suspiros, susurrándonos, para que la palabra sea ininteligible y un mundo de extraños sonidos guturales nos descubra desde nuestra oscuridad.


                                                                                                         De todos los fuegos…