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Editado por el autor

San Martín: El autor 2012 ISBN 978-887-33-0957-4 CCD B863

martes, 24 de junio de 2014

De todos los juegos:
                            Escucho el zumbido que aturde, que penetra en todos nosotros para excitarnos o erizarnos de temor -a todo vértigo- y también, que trae la satisfacción que provoca lo lúdico.  “El juego”, confirma una extraordinaria participación de miles de almas, que se purifican “en el teatro que recrea el ir y venir de un balón empujado por el pie sobre alguna superficie plana de la tierra”. Llanura, al fin, que puede estar “adornada” con la tierna gramilla y que fue sembrada allí, deliberadamente, o mucho más modesto, un “espacio” que puede tener “alteraciones geológicas” diversas.
      
  “La esfera elemental es un instrumento para crear”, que a veces, “brinca” con total autonomía para dejar que el asombro tenga su participación espontánea, o que puede sufrir golpes de maltrato para colmar de aburrimiento, o que tiene “el privilegio de soportar la caricia” del pie de un “participante” de prestancia única.
          En un equipo u otro que compite en “ese teatro inventado por la modernidad”, se dramatiza la vida en cada instante, se distingue lo que “inflama” el mejor calificativo y juzga el comportamiento de sus integrantes en lo particular o general.
         Detrás del balón se gasta la mayor energía -algunas veces- para advertir que la poesía está latente. Quizás, se está “gestando”. 
        Ahora, no es tan común, pero “tiempo atrás” -como “espectador”- desde la tribuna podía reclamársele al que tiene buen  “manejo” de la pelota (alguien “instruido”):
-“…Dibuuuje, maestro, Usted sabe”.
        Muchas veces, es “actualizado” pronunciar con admiración:
-¡¡¡¡Que jugador!!!!
         En la fiesta de colores, “animar al esfuerzo”, tal vez, “pueda llegar a desviar el balón hacia el arco contrario” -es lo que cada uno de nosotros sueña y quiere expulsando el aire de todas las formas y las expresiones posibles- entonces, ya no solo se cumple con “el acto de respirar intensamente” sino también, de ser protagonista de “ese extraño rito” en el que nadie mezquina su último aliento para intentar concretarlo.
         Nuevamente, “el juego” nos acompaña “en comunión con la tierra”.
        
En algunos lugares, por tradición, costumbre o “sentimiento”, “el fútbol” como deporte, se lleva los mejores esfuerzos, se comprueban algunos “brotes de habilidad” o de revolcones y patadas, se consume –felizmente- nuestro tiempo de chico, mediano o grande. Luego, conformar el cuerpo, darle la entidad que merece, “supone hacer crecer el físico revitalizando el carácter con un juego grupal que subraya cualidades” etc. Pero desde nuestro interior, “ese latido”, se hace presente en cada ocasión que resbala “la pelota” para elevarse hasta “el ángulo”, muy cerca del poste, justo adentro del arco.
          Cualquier semejanza con un “golazo”, nos hace creer que “la percepción de lo bello” está en “patear la pelota de volea y hacer temblar la red” o que “una gambeta” nos distraiga para ver la elegancia de un movimiento, con la pretensión de suspender el instante y archivarlo en nosotros. No se puede dejar de admirar la jugada completa que se “desparrama” sobre el plano “con los toques de primera” o “una pared” que devuelve “el balón” para “filtrarse” entre “tantas” columnas, que tienen formas de piernas.
         El decir poético traslada la palabra a los movimientos del cuerpo, a respirar o a transpirar en concordancia con el grupo que juega al lado de uno. Un punto de inflexión da vueltas y vueltas para terminar confiando  “en la esfera elemental”. De los mejores “poetas del balón” que más se puede contar, de ellos despierta el  sagrado llamado del “GOL”…
         De repente en algún lado, también, se escucha;
-“Hay equipo”.
         Entonces, una brisa provoca en nosotros, lo que la voz al habla, lo que la pendiente al río, lo que “justifica” un vuelo y la mirada “al desafío”.

Perezcuper
(Extraído del libro “Tratado del viento” página 122)





Un hombre desnuda sus miserias en el medio de la tormenta y también, su moral heroica.
Otro; deja que el sufrimiento lo descarne en esos lugares donde la sensibilidad hace una ampolla hasta con el ardor de los más ínfimos pecados.
Voy retrocediendo al límite en que cada uno prejuzga en la condena del otro para lavar sus culpas ¿en beneficio de todos?
Así, “el hijo del hombre” renueva la Esperanza que trae inmolarse.
Así, queda la ilusión prendada a la honestidad. Virtud cultivada entre los enamorados.
Es el amor el que domina en cada uno para acercarse a la virtud.
Luego, el tiempo y las circunstancias refriegan su color turbio para desvanecer la pureza.
“Solo conoce el amor quien ama sin Esperanza” (dice, F. Von Schiller)
Se va desanudando el tiempo para revisarnos justo en lo que mueve el entusiasmo.
Dueño de la vida es “el juego en el que se recorre todos los aniversarios”, incluso aquel que intenta descifrar la eternidad.
Busca “el hombre” hasta en el cielo desde donde vino, “la respuesta final”.
Repara en el orden del universo y descubre sus leyes para ampliar sus dudas y cerca de él, ahí mismo donde respira, se cumple “la tragedia y la comedia”.
Apasionadamente, se carga su almismo de la energía que fructifica en la bondad.
Es aquí donde se repite con diferentes formas el nacimiento de las almas.
Esas que, traen dibujada “la nueva ilusión”.


De todos los fuegos…

También, el cuerpo:
                                  “Se ruega a los señores apostadores, tengan a bien, agilizar sus apuestas. Faltan dos minutos para el cierre del Sport…Tin, tin, tin, campana de largada… ¡¡¡Largaron!!!...Superado los primeros metros se acomodan los competidores y hay lucha en la vanguardia”…
       
          El trote ligero va gastando las piernas de a poco. Un “corazón valiente” destraba el miedo para traspasar con su aliento la frescura de la alegría. El césped despierta un aroma que empapa el cuerpo e invita a la inspiración más profunda. Mientras, la tarde, deja entrever un cielo limpio, abierto, que primero “demanda” y luego “implora” que nadie se vuelva a casa con el rostro iracundo. Allí en el cemento, desde la tribuna, muy lejos de mis nervios, se desata el murmullo del inicio de un ritual.

        “Pasada la barrera de los cuatrocientos metros se impone en la vanguardia el número cuatro, Manto azul a dos cuerpos de ventaja sobre el número seis, Poncho alado y a cuatro cuerpos, el número doce, Sangre tibia”.

           Es de rebotar los pasos, que voy disparado con el ritmo que impone un galope festivo, sentir que se despegan los pies del suelo y que un instante de vuelo mantiene la figura de mis alas abiertas en el aire. Así, me agradece la vida regalándome tanto movimiento.

            “Cuando van a hacer su entrada a la recta final, nuevamente, hay lucha en la vanguardia, Se mantienen cabeza a cabeza el número cuatro, Manto Azul y el número seis Poncho alado y con expectativas, a dos cuerpos abierto por el centro de la pista el número doce, Sangre tibia”.

           

            *“…A mano derecha / según se va al cielo”…  el horizonte poblado de árboles larga un perfume que repite el aroma de los tilos…y a la izquierda, desde los escalones, las voces de aliento ya no se reprimen, se cierran los puños,  se levantan los brazos, dejan que el grito llegue bien alto para que vuelvan hecho “viento” que nos empuje a todos los contendientes. 

          “¡¡¡Faltando cincuenta metros finales para el cierre del disco, gran atropellada del número doce, Sangre tibia, que se acerca al número cuatro, Manto azul y al número seis, Poncho alado. Se disputan el primer puesto, cabeza a cabeza!!!…¡¡Y pasaron el disco!!”.
 
            Entonces, la Sangre tibia llega hasta el Poncho alado convertido en un Manto azul,  para obligar a revisar en el disco,  la llegada de la sonrisa que dejó –quizás-  la diferencia de algún pescuezo y que todavía, la bruma de mi aliento enmascara  y solo una bandera verde se atreve a descifrar.


 *(De la canción: “El romance de Curro El Palmo” J. M. Serrat).

Perezcuper

(Extraído del libro “Tratado del viento”, página 123)

martes, 10 de junio de 2014

El armónico escenario de tu espíritu

                                                                                           
es la palabra que intenta rubricarte
-esa herramienta limitada-
el escaso recurso
para mi humanidad en desamparo.





Siento que, utilizan mis manos
la tipográfica manera
de moldear tus labios,
y llega, hasta ese ínfimo detalle
en el que navega la ansiedad
de justificarte en la mirada.



La voz que resuena en mi
confirma la dulzura,
suspende por largo rato,
aquello de la soledad,
y es la palabra pronunciada
la que trae vida que contagia.




Dilema que se resuelve
en símbolos que esconden
la naturaleza del sentimiento.






Dilema que te acompaña
para ser creadora de vida,
provocando que cada suspiro
o cada silencio, tenga la melodía
del secreto que te conforma.




                     Entonces, 
                                      Angustia; de referirte a la distancia.
                                       Melancolía; la de querer opacarte
y distraer esa sonrisa plena.
Color; el de escucharte en la música.
Placer; el de esculpirte en los sueños.
Aroma; sustancia por donde viaja tu canto.
Poema; el armónico escenario de tu espíritu.


De todos los fuegos... (dedicada a María)




Luego, con “el discurso en trance”, va el enunciado de un “estado crítico” o “manifiesto exuberante”:

Voy acumulando aniversarios para desabastecer el tiempo.
Leyendo en *“El libro de arena” aquello que confirma mi inexorable destino.
Voy errante, en un mundo que a veces me resulta esquivo, a veces me resulta extraño, a veces no me deja escapar.  
Eso sí, voy con todo, implica mi transparencia y mi oscuridad.
Con la apuesta de creer, voy desde la vida “protegiendo la luz”.
Sin traicionar la palabra que me exige “llegar hasta el fondo”.
Hay “una formula” que pide “el jugo de las cosas”, sin “transar” con “esa” metáfora que intenta desviar “la mirada indagatoria”.
Voy pleno de inspiración para pretender sostenerme en algún reflejo del umbral.
Voy abrazando el sonido que sale y entra en mí para quedarse.
Voy mirando a mí alrededor, sin cubrirme ni de espanto ni de espasmos de júbilo, por que hay tantas alegrías como tristezas.
Aún sí se acerca la congoja profunda y por reflejo trato de protegerme, o cuando la tonada graciosa deja alguna “estela vivaz”, nada de eso se me hace impermeable.
Voy sacudiendo las ferocidades que me rozan.

Sí es posible, impregnándome de todo lo que vibra.
Y también, por supuesto, sigo buscándote para seguir amando.


Perezcuper
Extraído del libro “Tratado del viento” (página 140)
*(Título del libro y cuento de J. L. Borges)



Escucho al tío Ángel:

-Puedo decir de mí que, “he triunfado en la vida”. Tengo que admitir que la desgracia me acompañó desde que, prácticamente, he nacido, o mejor dicho, desde que era un bebé. Tanto indagar sobre la discapacidad que he padecido, me ha dado la posibilidad de reconstruirme en lo físico y mental. Fui deambulando con mis pensamientos hacía esa reconstrucción.
Me queda por relatar que para sobrevivir, siempre tuve que ocultar mis malformaciones físicas con ropa de mayor tamaño o usar mangas largas, siendo muy eficaz, en ese sentido. Simular que caminaba con normalidad, sin ningún esfuerzo, o que no tendría “inconvenientes” con mi brazo “enfermo”, así podría llamarlo.
Lo real es que, no puedo levantar peso alguno con el brazo derecho, apenas lo sobrellevo combinándolo con el izquierdo.
He necesitado convencer a mis posibles empleadores para que crean que era capaz de hacer cualquier actividad sin problemas. Eso, también, traía aparejado el nerviosismo extra, un poco más de Stress. Así, pude concretar lo que me propuse que, entre otras cosas, era convertirme en hombre que asume responsabilidades, es decir; hacer mi propia casa y conformar mis proyectos, tener una linda familia con hijos y mantenerlos, a la vez, de prepararme para obtener mejores empleos.
Tengo diversas cirugías en mi cuerpo, algunas obligadas por sufrimientos de dolores, y otras correctivas para mejorar en mi andar o en lo estético.
Según fui recopilando información de mis hermanos y de algún que otro pariente que me conoció de bebé, me dijeron que nací totalmente sano. Esto es, lo que me ayuda a deducir que la discapacidad que sufro fue producto de algún accidente.
Me contaron que mi madre acostumbraba a ir al río a lavar la ropa. Al ser yo, tan pequeño aún, y un lactante voraz, tenía que llevarme a todas partes. Ella me cargaba en sus brazos y la ropa que tenía que lavar acomodada en un cajón, la transportaba sobre un burro, en ese mismo cajón que, también, lo utilizaba para darle de comer a ese animal.
Para resguardarme, cuando iba a iniciar el lavado de la ropa, me dejaba en el cajón y así, emprendía su rutina. En alguna ocasión, no pasaron pocos minutos de haberme dejado allí que, el burro se acercó, posiblemente, reconociendo el “recipiente” donde comía y al encontrarme dentro de ese “cajón”, reaccionó y me pisó varias veces o salí despedido, y mi madre, sin siquiera darse cuenta a tiempo.
Ese fue el inicio, solo descubrió que su bebé lloraba y que en apariencia, no tenía nada que llamara mucho su atención. Así fue que, tampoco ella creía que iba a derivar en algo tan peligroso para mi y el episodio quedó sellado, sin comentarios a mi padre que escuchaba llorar a su hijo menor, todavía un bebé.
Mi madre con mucho sentimiento de culpa, vivía la angustia de lo acontecido y me arropaba como si fuera a cubrirme de posibles consecuencias. Me envolvía fuertemente con alguna sábana, etc. Explicarle lo sucedido a su marido -mi papá- le daba a ella mucha amargura y temía que él, tenga una reacción muy negativa hacia ella.
Así, "la vida de campo", así, fueron pasando los días y creciendo algunos de mis huesos de una manera diferente a los demás, con sufrimientos continuos, muy dolorosos. Vivir en la campiña significaba estar alejado de hospitales o lugares de atención para un niño accidentado que creció con esos inconvenientes y con la ignorancia de mi madre que no sabía de tratamientos. Mi madre tuvo innumerables cuidados para conmigo pero quedé con esa carga de por vida y nada tengo que reprocharle ya.
Luego, un niño huérfano de padre y madre crece con los peores inconvenientes de afecto y de cuidados. Mis hermanos mayores fueron los continentes afectivos más importantes junto con mi tía Rita que, nos cobijó como si fuéramos sus hijos.
Crecimos juntos, mis hermanos y yo muy unidos. La vida, sin embargo, resbala a nuestro alrededor y también, comulga dentro de nosotros para traspasarnos.
Llegaron los días de ganarse el sustento en lo que podíamos, siendo muy jóvenes, casi niños, con la gratitud de mirar cada día con esperanza.
Y aquí estoy, en el año número ochenta y cuatro que sumé a mi vida, acabo de caerme de un colectivo, y nuevamente, siento que mis huesos y mis fuerzas están quebrados.
Me ha pasado la peregrinación de todos estos años por los ojos, el recuerdo, la mirada hacia atrás. Aconteceres a mi alrededor en los que ocurrieron, golpes militares con persecuciones interminables, guerras y hecatombes de toda clase; inundaciones o debacles económicas, sufrir de ausencias por muerte de mi esposa y de mi hijo menor. 
Y no puedo dejar de mencionar también que, fui muy feliz.
El dolor suele ser causa y testigo de nuestra templanza, pero mi tristeza en soledad va en aumento y esa arma que alguna vez usé para defenderme, hoy, ahora, va a servirme para terminar con mi vida.


Octaedro



martes, 20 de mayo de 2014

                                      


-Quiero que sepas, que detrás de este caparazón, detrás de estos ojos enrojecidos, estoy yo. Alguien que va a querer acercarse para hacerte sentir sus vibraciones. Es solo en el acto de abrazarte que quiero acomodar mi transparencia en vos. Incondicionalmente… Así, también, te hago un lugar en mí para que descanse tu transparencia. Soy alguien que tiene sus intenciones bien resueltas…Tal vez, alguien que, apartándose de su propio cuerpo quiera concurrir hacia ti con su energía  consistente. 
Hay en ti un grito que hace de las aguas inquietas un remanso.
Parece que la idea de un espacio inmenso detiene tu voz en un eco constante.
Ahora, con infinita paciencia, la armonía va armando tu canción predilecta,  profunda y apasionada.
Para deleite mío te escucho pronunciar las palabras con ternura. Como acariciándolas…
Mientras, juega la bandada  de  pájaros su ir y venir en maniobras extraordinarias para
formar en el cielo la fiesta de los arabescos.
Hasta que la luz te acompañe, el horizonte por nada interrumpido hace
de marco ideal.
Antes que el viento cubra de polvo la llanura arrastra hacia a mi el perfume de la mojada gramilla.
Bendición de la tierra que acerca el aroma de la sabia que me alimenta.
Entre tus brazos dejo esa pequeña luz que entibia la vida.
Viaja “mi ser” en el aire fresco, recorre todos los relieves imaginables.
Allá, en el punto mas alto en la montaña.
Aquí, en el vuelo rasante que peina el trigal.
Y sumergido en la nube, despierto con la almohada  blanda.
Pero si es mi destino descubrir el secreto de la vida en ti, te navego por donde se esconden los perfumes del misterio.

Perezcuper (extraído del libro “Tratado del viento”, pag. 15)

jueves, 1 de mayo de 2014


De todos los fuegos... (dedicado a María)





El pincel
que intenta
buscarte en la belleza,
aquella que traduce la esperanza,
va tejiéndo con hilos de luz,
para hacerte de esa trama iluminada
en la que se festeja la alegría.






El pincel
que al paso,
se suspende en tu fulgor,
solo, se recupera
de su evanescencia,
para  alimentarse de energía
y contarnos en los colores,
como aprendió de tus emociones.





El pincel que,
con sus movimientos circulares
saborea el aire,
respira con ahogos
por embriagarse
en el vaho de tu aliento,
esa brisa de la música interior, 
melodía que celebra la vida
desde las entrañas.



El pincel
que se atreve
a recorrer tu geografía,
va dispersando el humor
de la caricia más profunda,
nube brumosa que humedece
al ras tu cuerpo,
donde predomina la vibración 
de tus poros.



El pincel
que descubre
tu poema más sentido,
es el mismo que dibuja
la suavidad y le da el calor
que identifica a un espíritu ebullente,
esa magnificencia del alma; 
representación del estado de ánimo
en el cual se impone el deseo y su pasión.


De todos los fuegos...(dedicado a María)

martes, 25 de marzo de 2014



Un decir de la vida

¿Quien sabe como se puede dejar de respirar y acercarse a lo que toca en la alegría sin mediar con la sonrisa?



¿Quien sabe como es el canto de las hojas que caen y pueden sobrevolar al fondo de lo bello?


  
Un decir de la vida
que te inunda,
va esparciendo
en la densidad del aire,
ese vapor que despilfarra feromonas.

 





Un surco en el éter
que arrastra los sueños,
es solo para saborear
en aquel territorio,
el perfume de lo agreste.

 


Un murmullo de olas
que despierta en la luz,
es solo para contagiar
la minúscula sorpresa
de la ingenua incandescencia.





Un poema que dibuja la ternura
tiene tu rostro encendido,
y es solo para llevar al tacto
la forma de tus labios,
e imaginar en que lugar
se encuentra lo sublime.


De todos los fuegos…







Agradecemos la colaboración de Elizabeth_oro por la creación de este video, su musicalización, enunciado de texto y montaje de imágenes.




No te enamores de una mujer que lee, de una mujer que siente demasiado, de una mujer que escribe...
No te enamores de una mujer culta, maga, delirante, loca.         
No te enamores de una mujer que piensa, que sabe lo que sabe y además sabe volar, una mujer segura de si misma.
No te enamores de una mujer que se ríe o llora haciendo el amor, que sabe convertir en espíritu su carne, y mucho menos de una que ame la poesía (esas son las más peligrosas), o que se quede media hora contemplando una pintura y no sepa vivir sin la música.
No te enamores de una mujer a la que le interese la política y que sea rebelde y vertigue un inmenso horror por las injusticias. Una a la que le gusten los juegos de fútbol y de pelota, y no le guste para nada ver televisión. Ni de una mujer que es bella, sin importar las características de su cara y de su cuerpo.
No te enamores de una mujer intensa, lúdica y lúcida e irreverente.
No quieras enamorarte de una mujer así.
Porque cuando te enamoras de una mujer como esa, se quede ella contigo o no, te ame ella o no, de ella, de una mujer así, JAMAS se regresa.

                                              Martha Rivera Garrido 

viernes, 21 de febrero de 2014


El espacio y el tiempo se desgranan:
                                                                     Se convierten en pequeñas referencias, ínfimas partículas, quizás, susceptibles de medirse en un nudo de emociones pues ellas, las contienen.
“La materia en la que late la vida y adquiere conciencia”, va desandando caminos sembrados de obstáculos para intentar desarrollar -entre otras cosas- lo afectivo en su plenitud.
Ese órgano autónomo, medidor absoluto de lo emotivo, Corazón Delator, va recopilando con fina sensibilidad cada caricia, cada golpe del desprecio, cada nota musical, cada fonema que compone el argumento del discurso, en fin, cada sentimiento. Así, acumula el espacio-tiempo en que se mueve nuestro espíritu. Alma que divaga, energía que ilumina, o que se diluye para opacarnos.
Desde el territorio de otro cuerpo, un sin fin de emotividades nos entrega energía para traspasarnos y en esa conjugación de nuestras almas, descubrirnos la luz que demuestra opacidad o que deslumbra. Flashes de empatía o antipatía, mínimos resuellos, huellas que nos obligan a rememorar.


En este “no lugar” que es “la pantalla”, se reproducen los símbolos, las imágenes y los sonidos, un lenguaje multimedia que fabrica quien interactúa y también, quien decodifica.

Entonces, ahí, estamos con los…

Fabricantes de cantares

Subrayo que, la alegría se derrama
en el rostro de los niños,
está en aquella flor que se subleva
en el barro del pantano,
en el sol que entibia justo,
cuando la sonrisa se dispara.
La alegría está en el viento que nos lleva
a descifrar el vértigo de la libertad,
va en la gaviota convertida en suspiro.

Subrayo más aún, que la alegría
puede dominar en nuestros cuerpos.
Ser adjudicatarios de ese gesto de placer.

Cuando se hace presente el amor,
 redunda tu dulzura en el canto que entregas.

Es tu canto que envuelve para aromatizar
el núcleo de mi espíritu.

Vaya tu canto a templarse en mis vibraciones,
recorriendo la melodía del cuerpo
que se dispone a contemplarte.


Vaya tu canto al simulacro de mi salvación.
Ahí, determinante, sube tu voz
hasta reflejarse en la mirada pedigüeña,
y en los brazos extendidos
con que te reclama mi orfandad.

Sea ese canto que multiplica
el coraje en las batallas,
el que rubrique el entusiasmo,
el que nos haga invencibles.

El Canto De La Esperanza.


De todos los fuegos...



lunes, 18 de noviembre de 2013





                            
                                          "Flores"- Autor "Eterno" - Acrílico sobre tela




Te celebro.


                                                                Tu aroma no trasciende el misterio.
                                                      Sigue ahí, vivo, y penetra a distancia.
                                             Desnuda todos los deseos. 

                       No se aplica solo, a la fuerza de un vapor sutil que flota para erotizar el aire sino que supone, desde un punto imaginario, que cada uno de tus sentidos adquiere finísima capacidad de respuesta a pequeñas excitaciones y se traduce desde la palabra. Frente a ella.
         Entonces, es que advierto en el caudal de “tus voces”, alguna sentencia -alguna rara explicación, al fin- de cómo encontrar belleza en la contemplación de las cosas, de como golpear con imágenes que sorprenden, que me llevan a un deslumbramiento continuo.
       Aquí estoy, maltratando el lenguaje, con voluntad de expresar lo que me hace cautivo y también, “eso” que entrega el diario acontecer. Entresacando del interior, lo que la vida provoca y algo más…que tal vez, sea lo que deambula como una sombra desconocida para terminar en el trazo que dibujan nuestros fantasmas.
        Ficción o realidad, es aquello que nos hace vibrar en conjunción lo que hoy me  convoca.
     Si la armonía de la palabra estuviera dentro de las disciplinas que domináramos, no sería “esta” la “canción” que escribiríamos de una melodía más dulce.
        Quien requiere de reglas, es tan solo la gramática.
      Nosotros, tenemos la gratitud de demandarle a la oración nuestra emotividad… Aventurarnos en la metáfora para desandarnos…
        ¿Es con el propósito de “hilar” con las letras e ir más allá del sentido?
        Sí, claro…quisiera en lo profundo, inquietarme mucho más para reavivar “lo sanguíneo”.
       Sumergirnos en aguas u otros fluidos,  en el aire o en el espacio sideral, a veces torrentoso y turbio, a veces transparente y calmo, a veces más cálido, o de brisas perfumadas o temperamentales vientos, pero siempre, sin salvoconductos, sin salvavidas.
   
Prendernos como acompañantes del más audaz, del más apasionado, pues si descendiéramos en la oscuridad, no hay tinieblas densas que atemoricen y sí escaláramos hasta lo sublime, será para bebernos, y será también… ¿para descarnarnos?        
    O… para componer nuestra propia música que propague la diversidad de todas las formas de celebrarnos.
        El “perfume del vacío” es para celebrar… como una sola vez,
sin admitir, que es lo que en el fondo se acumula
pues allí, en el vacío, es más fácil crear todos los aromas.

*¿Quien sabe por que
“salpican” algunas esencias
que se distinguen primarias
y luego, en una sola “estela” se mezclan,
para que se haga tan intenso,
“el aroma de la vida”?
¡Ah…vida...que también, nos envuelva!

Perezcuper 
(* Párrafo publicado en este blog en la entrada del 8/7/12)




Parece que no tengo más remedio que hacerte Un Manifiesto:

¿Como hace la palabra para llegar a moldearte, abrazar tu ternura y respirar en un temblor?
¿Como es que el caprichoso destino se convierte en sentimiento para sembrarse dentro de uno y otro?
¿Como es que tu voz tiene la sonoridad de quien canta con la melodía del mejor poema?

Un color es  la luz
que traduce su candor,
y una vida se fecunda
para regarnos de emociones.
Entonces, la alegría
puede inundar con su sabor,
cuando el quererte tiene la frente
perfumada de ilusiones.

Cada vez que asoman las letras, se vuelve al “secreto de la vida”, ese que encierra “el universo de lo sensible”, un microcosmo que te conforma y te rodea.
Cada vez que te pronuncio, vuelvo a mirarte para entender el por qué de los latidos.

                                                                   
Desde la tierra poblada de almas recién hechas donde se cobija la Esperanza,

desde la figura que emite un resplandor que suma su talento para iluminar,

se va incorporando en el aire ese magnetismo que lleva a pensar en ti.

Tengo esa sensación de mirarte por dentro para alimentar la ilusión,

la certeza que viaja en cada sentimiento y se traduce en palabras.

Tentado en la pasión me salpico de tu gracia y de sonrisas gratas,

y de como mis manos moldean tus labios y reciben el premio del dulzor.

Hombre, que te busca sobre las aguas que remarcan un murmullo de ternura.

Hombre que, divaga en el mundo donde todo se aturde con el grito de la soledad.


La vida se calca en las pulsaciones,
en el ir y venir de los ojos
hacia donde se descubre
el sabor dulce de lo hedónico.
La vida se calca en una ráfaga de mentiras,
en la tristeza de lágrimas perpetradas
 que traducen la infinita miseria
y a veces, la excelsa belleza.
En sueños donde la eternidad
late como un instante.



Y allí, al final, te busco.
Y te encuentro,
hecha de perfumes y de frutas.
Te encuentro en la tarde
que entrega su última lumbre
para sostener el ocaso
y derramar su nostalgia.
En tu voz, donde resuena el color
con que se pinta el requiebro.
Te encuentro en el canto
de los hijos pródigos, los poetas.
En el festejo de mis lágrimas
y en cada sonrisa que despiertas.


De todos los fuegos... (Dedicado a María)


 Desde la llanura 
                          de lo virtual voy cabalgando sobre el horizonte resplandeciente que  deja -por un momento- expandirnos. Escuchar nuestro canto, extasiarnos, comulgar con lo que suponemos sublime. Convertir cada frase en erotismo.
        La belleza de una composición instantánea parece que sale sin necesidad de corrección. Plena y entera, justa y “redonda”, pero aún cuando contenga errores u horrores, cursilerías o subjetividades, se va hilando cada sentimiento que tiene el gusto de algo, el pan recién horneado.
         Luego, una sombra insalvable tiñe el cielo que nos cubre con una nueva tormenta. La luz se desvanece en los cuerpos, la energía fundamental opaca a la oración y el núcleo donde se acumulan las mejores emociones, se diluye en el aire. Asoma lo incomprensible. 
-¿Cual es la especulación que me anula?
        Tal vez,  la rutina de una  gimnasia cargada de vicios.      
Me largo a vagar sin rumbo para tocar a la puerta de la misma soledad. Buscarte entre los ruidos, entre la distorsión del mundo, en alguna nube, a ti, con las aletas portentosas de un pez formidable, más alegre. Necesito nadar en algún submundo. Descifrar la realidad de una vida interior o alimentar el ego de saber comunicarme contigo. Describirte entre todas las almas que se juntan para enmascararte e intentar componer alguna canción.
-¿Cuál es la especulación que me anula?
 ¿El ser sociable para buscar o intentar alumbrarme de lo que nos hace mejores?. En cualquier “juego” está implícita la seducción, entonces, la palabra, dominante ¿tiene el derecho de alimentar la sensualidad?
¿Acaso no son las personas, las que nos enriquecen con el “jugo” de sus temperamentos y sus expresiones?
      Sí… una mujer puede ser mejor. Contemplar a quien admiro puede dejar el deleite latente. 
    A propósito, la mentalidad, el pensamiento, tiene el resguardo de nuestros fantasmas, son vigías de nuestra propia oscuridad.

      Desde alguna nebulosa interior “el deseo” con su expresión más fuerte, que todo lo mueve, que todo lo arrastra, hace también, sentir el dolor que provoca tu ausencia.
                                                                                   
                                                                                                                                   Octaedro




“Orejano”:
               Así, llamaban al ganado salvaje que se había criado en el lugar y que casi todos los días eran recogidos de a uno por los “gauchos”. Se iban acumulando en corrales y eran peligrosos, porque poco tenían de “costumbre ver a personas a caballo".
Se internaban en el terreno en grupos de a cuatro gauchos como mínimo y los caballos, siempre con el armazón de monturas con “guardamontes”. Esto último, era la protección contra arbustos de “mala espina” (principalmente, Chañares) tan pinchudos como para tenerles respeto y no andar sin protección. Que a propósito, se hacían con el cuero de burro que era especial para eso. 
Los acompañaban los perros. Según contaron, sino fuera por estos últimos, no podrían capturar a ni un solo ternero "guacho". Al ver los animales sueltos, los perros en jauría se abalanzaban con todo, directo a los garrones y el toro o vaca o ternero se cansaba, hasta que llegaban los peones, lo enlazaban y lo traían hasta el casco y los corrales. Un día completo el animal quedaba maniatado a un poste para que se acostumbre a ver gente alrededor y que le den agua y comida para luego, “marcarlo” (yerra) y cortarle un pedacito de cuerno. 
Lo tremendo era cuando lo soltaban para incorporarlo a la manada, por eso ¡mucho cuidado! porque te atropellaba con fiereza. Mal se ponía el bicho, “enojado con quien se había atrevido a hacer semejante cosa”, no le ponía freno ni el corral ni el alambre, todo se lo llevaba por delante, lo corneaba. Algunos perros, en su afán de “capturar” una vaca -la que reaccionaba a patadas para defenderse- terminaban golpeados. Así, la vida campestre.
Ver la vertiente de agua, “la gota de luz” que se acumula en un espejo de humedad en el mar de la nada, y lo que ella puede en un desierto. Tender el milagro de una alfombra de alfalfa, contraste sobre la arena, para dar de comer al ganado. Y las viñas. Ahí, una cepa del torrontés.
Tantas hectáreas para derramarse en vino que vale el mejor de los suspiros. Y entre plantas de vid, y fuera de eso, cuando el arbusto pinchudo fue desalojado, puntos rojos que putean con sabor de pimientos.
Después del almuerzo, “juego de tiro al blanco”con la Ballester Molina, y el balde cargado de piedras a los cincuenta metros que suena cada vez que tiro (no esta mal). 
Y por las dudas, montar sobre “El flechin”, caballo del dueño, elegante criollo, que aún siendo inexperto jinete, me llevó casi flameando en el viento como si la vida tratara de apresurarse detrás de sensaciones fuertes. Tanto agradecimiento a su conducta de chusco pero impecable a la hora de tocar el freno. Un galope que me desacomoda hacia un costado y al corregir, caballo y jinete sonríen con entusiasmo. 
Práctica de enlace en el corral con la manada de vacas corriendo alrededor del que se ponga a revolear el lazo. Ahí viene, la que se desprende del “montón más parejo”.

-¡esooo, cuidadoo!- y la despedida final con abrazos.

                                                                                         De todos los fuegos...